Román Revueltas Retes
  • revueltas@mac.com
  • Violinista, director de orquesta y escribidor a sueldo. Liberal militante y fanático defensor de la soberanía del individuo. / Escribe martes, jueves y sábado su columna "Política irremediable" y los domingos su columna "Deporte al portador"
  • Está bien, fue la «derecha»...¡¡¿¿Y??!!

    No es un delito no estar de acuerdo ni mucho menos ser parte de una organización que no porte el estandarte de la mayoría oficialista.
  • El derecho a expresar públicamente el descontento

    De eso, y nada más, se trataron las manifestaciones ciudadanas que tuvieron lugar el sábado, de avisar al supremo gobierno de doña 4T que existe mucha gente que no está nada contenta con la manera en que se está llevando la cosa pública en este país
  • Aburrirse con el Tri

    Uruguay juega con rudeza, México mejora sin goles, y la Sub-17 ilusiona tras vencer a Argentina en el Mundial.
  • Lo infamante que es estar en la “derecha”

    Los demás partidos conservadores del planeta no se presentan en sociedad con tan infamante sobrenombre, ni mucho menos
  • ¿Quiénes matan en esta guerra que no es guerra?

    Ellos son los que siguen matando a los mexicanos en esta guerra que, desde luego, no es guerra porque ya no nos gobierna la derecha.
  • ¡Se buscan segundos tiradores!

    La rentabilidad política del tema, entonces, sigue siendo enorme: remover las cenizas, sembrar dudas, encontrar nuevos culpables y fabricar teorías conspiratorias
  • Estupenda Liguilla

    Sí, son los de siempre: los poderosos de la pujante Monterrey y los insufribles de Coapa, a los que hay que sumar al resucitado Cruz Azul y a un Toluca que vuelve a recuperar sus laureles de gran equipo, vaya que sí
  • Los muertos del “humanismo mexicano”

    Tampoco le han resultado tan bien las cosas al nuevo partido de Estado porque, en lo que toca a ser humanitarios y bienhechores, han dejado un país sembrado de cadáveres y personas desaparecidas
  • Este país, plagado de asesinos. ¿Vinieron de Marte?

    México sobrelleva una escalofriante descomposición social. La más palmaria manifestación del derrumbe es la violencia criminal pero en el escenario se advierten otros signos, muy inquietantes