A romper el techo

Puebla /

El concepto del techo de cristal existe desde 1978, cuando Marilyn Loden lo usó para referirse a las barreras invisibles que enfrentaban las mujeres, mismas que no podían derribar a diferencia de los hombres, sobre todo en el ámbito laboral, donde el patriarcado les impedía crecer.

Por años, las mujeres lucharon para romper el techo de cristal, pero actualmente aún persiste la desigualdad en los trabajos, pese a que se fue introduciendo el principio de paridad en empresas y se crearon políticas de inclusión en ámbitos educativos y sociales.

Tan solo en México se tiene que “las mujeres representan 54.4 % de las personas graduadas de educación superior, pero menos de la mitad participa en el mercado laboral” (Estimada Rebel), esto debido a múltiples factores como la desigualdad de género.

Aunado a lo anterior, el Instituto Mexicano para la Competitividad en su nueva edición de Estados #ConLupaDeGénero apuntó que la violencia de género es uno de los principales obstáculos para la participación de las mujeres en el mercado laboral, de las 32 entidades de nuestro país.

Son Guanajuato, Veracruz, Zacatecas, Oaxaca, Puebla y Michoacán los estados que obtuvieron un nivel bajo, respecto a condiciones laborales óptimas, ya que presentan más pobreza laboral (51%), más violencia de género (10.8 homicidios femeninos por cada cien mil mujeres) y mayor desigualdad en tareas del hogar y de cuidados.

Estas cifras revelan un panorama desalentador y nosotros sabemos que el techo de cristal existe desde el momento en que una empresa no paga lo mismo a un hombre respecto a una mujer, aunque hagan las mismas labores.

Lo anterior se sigue presentando porque culturalmente no se ha podido separar a la mujer de su rol de cuidadora. Pues al casarse la mayoría se queda en casa a cuidar de los hijos o del adulto no funcional que tiene como pareja. Las que logran ejercer su profesión sufren el famoso “efecto tijera” en sus carreras, donde su salario es menor al de sus compañeros, el cual además casi íntegramente destina a su hogar, el cual ni siquiera está a su nombre (en la mayoría de las veces). Pareciera poco, pero urge romper el techo de cristal antes de que se fosilice.


  • Rosario Portillo
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