Hay un lugar en el planeta donde las mujeres tienen un amo, y no porque sean esclavas, sino porque son esposas, allá ellos tienen derecho a castigarlas si lo creen necesario. Este sitio es Afganistán, donde la violencia doméstica ha sucedido siempre pero ahora es legal con el código penal de Mahakumu Jazaai Osulnama.
Desde hace 15 años un reportaje de la televisión de la Organización de Naciones Unidas (ONU) reveló cómo unos hombres castigaban a sus esposas, algunos hasta las electrocutaron para matarlas, incluso con la ayuda de sus cuñados. Razón por la cual las mujeres huían a un refugio, donde llevaban a sus hijas pero no a sus hijos, porque la ley marca que los varones deben quedarse con su progenitor. Además ellas debían regresar a casa para que su padre, hermano o nuevo marido fuera su custodio.
Las mujeres afganas en 1979 eran libres, estudiaban, salían a la calle con el rostro descubierto y trabajan para ellas. Luego vivieron la opresión de los muyahidines (islamistas fundamentalistas), posteriormente de los talibanes (quienes prohíben a las mujeres estudiar y trabajar) y finalmente de las guerras.
Ahora con la legalización de la violencia doméstica el hogar es un infierno, porque se admiten golpes, siempre y cuando no impliquen huesos rotos o heridas abiertas, y el castigo es aplicado por clérigos religiosos. Como si golpear poco no fuera una herramienta para sembrar miedo.
Un miedo que ha llevado a las mujeres a quemarse vivas con tal de no ser violadas o golpeadas. Quienes además tienen prohibido ir a casa de sus padres o pedir apoyo.
No olvidemos a las activistas secuestradas por los talibanes, por ello hoy se pide a las organizaciones y colectivos: señalen lo que sucede y ayuden a las víctimas. Es importante que entendamos que la religión no debe pesar más que el humanismo, y mucho menos una ley valer más que la vida de una mujer.
En Puebla en enero de 2026 se registraron 848 casos de violencia familiar, mientras que en el mismo mes pero de 2025 se tenían 824. Lo que indica un crecimiento, sin olvidar que el 2025 cerramos la estadística anual con 10 mil 551 casos. No somos Afganistán pero nuestras mujeres violentadas sufren también, y no debemos normalizarlo.