La explotación sexual detrás de La Boutique VIP

  • Columna de Rosi Orozco
  • Rosi Orozco

Ciudad de México /

Las llaman “Joyas”, como si esas jóvenes fueran piedras, no seres humanos. Como si en lugar de hijas o hermanas de alguien, fueran un mineral que se puede comprar. Un objeto caro, pero público, al alcance de quien pueda pagarlas.

En la página web La Boutique VIP, que oferta a las mujeres que recién ingresan sus datos en busca de clientes que paguen por tener relaciones sexuales con ellas, están “Penélope”, “Angely”, “Lia” y decenas más sonrientes frente a la cámara que las retrata semidesnudas, en posturas supuestamente sugerentes. Les creería ese gesto divertido, juguetón, si no supiera que esa página opera del mismo modo que la infame ZonaDivas.com, cerrada por los abrumadores testimonios de las mujeres que ahí posaban y que eran obligadas a limpiarse las lágrimas y prostituirse, dejando evidencia de que ahí se facilitaba la explotación sexual de mujeres.

Incluso, podría mentirme a mí misma y pensar que La Boutique VIP es un sitio que empodera a las mujeres que deciden emprender en solitario el tortuoso camino de la prostitución, lejos del típico padrote de las esquinas. Pero no podría. Tendría que ignorar que la procuraduría capitalina conoce el caso de Sara, una chica venezolana a la que promotores de esa página le ofrecieron trabajo como edecán en Ciudad de México, y que terminó conociendo el infierno de la explotación sexual.

Podría hacerme de la vista gorda. Hacer como que los dueños de esa página son solo emprendedores digitales. Creer que es un negocio legítimo que facilita la transacción entre dos adultos. Pero no puedo. Yo sé que a Sara la recibió en el aeropuerto de la capital mexicana un tipo que, en los expedientes judiciales, es señalado como contacto de un tal “Fabián”, quien la llevó con engaños hasta un departamento Ahí la esperaba una mujer que se presentó como “Barbi”, supuesta esposa de “Fabián”, quien la llevó con un fotógrafo que la retrató en decenas de poses eróticas.

A Sara le dijeron que las fotografías serían usadas para promoverla como edecán, presentadora de productos o promotora de marcas. Ella aceptó con miedo a que esas personas, que se habían presentado como amables empleadores, se convirtieran en violentos agresores en un país que no conocía. Con temor siguió las órdenes del hombre detrás de la cámara, que le aventó lencería a los pies.

No puedo hacer como que no sé esto: en los documentos oficiales del gobierno capitalino está registrado el testimonio de Sara, quien contó que, al día siguiente de la sesión fotográfica, “Barbi” la llevó a un departamento hacinado de mujeres y le contó la verdad. Que el negocio de edecanes era una mentira: le daba la bienvenida al mundo del sexo por pago. Sus fotografías estarían en internet y su nombre real sería sustituido por uno que evoca la fantasía de una niña debutante en el mundo de la prostitución. Su primer trabajo, le ordenaron, sería complacer a un hombre que ella no había aceptado y que la esperaba en el Hotel Villas Pasadena, en la zona de Mixcoac, en Ciudad de México.

Sara, consumida en terror, hizo ese “servicio”. Pero no haría muchos más. Días después huyó de aquel departamento. Incapaz de volver a su país, porque “Fabián” y “Barbi” habían retenido sus documentos migratorios, acudió a la policía. Y ahí contó la verdad de esas páginas de internet, donde se ofertan mujeres como si fueran anillos o cadenas. Entonces, la policía montó una investigación que incluyó la revisión de cámaras de videovigilancia y análisis de llamadas telefónicas. El trabajo de varios meses concluyó en que se trataba de la misma organización que manejaba a ZonaDivas. La mafia seguía viva, pataleando por seguir en el negocio millonario de la trata de personas.

Finalmente, el 4 de agosto se cumplió una orden de aprehensión contra Julio César Cortéz Martínez, alias “Fabián”. Un juez había obsequiado el mandato judicial, luego de creer que había suficientes pruebas para enjuiciarlo por el delito de trata de personas. Él resultó ser un ex agente federal de investigación de la Procuraduría General de la República en Ciudad de México que conquistaba, mentía y enganchaba, confiado en que sus contactos le brindarían una eterna impunidad. Pero no fue así y hoy enfrenta un juicio que lo puede poner en una celda por el resto de su vida.

No era un empresario ni un luchador por la libertad de las mujeres, sino todo lo contrario: un vividor de la esclavitud de mujeres vulnerables que buscaban salir de la pobreza.

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Cuando hablamos de sitios de internet que ofrecen este tipo de servicios, también hablamos de una sofisticada forma de explotación sexual. La Boutique VIP es solo el más reciente ejemplo. Acaso, una de las páginas más famosas en el mundo que ponían mujeres a la venta fue Backpage.com, que supuestamente funcionaba como un puente entre compradores y vendedores.

Además de automóviles, estéreos, joyas e instrumentos musicales, Backpage tenía una sección dedicada a anuncios para adultos, un eufemismo para hablar de la subasta de seres humanos. Se supo desde siempre, se toleró por años. Hasta que un caso doloroso descubrió el verdadero fondo de la página: en diciembre de 2016, Desiree Robinson, de 16 años, fue asesinada con un corte profundo en la garganta, luego de que un cliente que la encontró en la página de internet pagó por tener sexo con ella.

Backpage sirvió para que un padrote promoviera durante un mes a Desiree entre clientes pedófilos. La adolescente había huido de casa, y de eso se aprovechó una red de trata que obligaba a múltiples menores a hacer servicios sexuales. Cuando el caso cobró notoriedad y las autoridades indagaron lo que sucedía, encontraron que había cientos de anuncios que, abierta o encubiertamente, ponían en subasta a mujeres y niñas.

La página eventualmente cerró en 2017 y el dueño, Carl Ferrer, se declaró culpable de los delitos de facilitar la prostitución ajena y lavado de dinero.

El problema es de tal tamaño que incluso el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, tuvo que intervenir. En abril de este año, junto a la mamá de Desiree Robinson, el republicano firmó una ley federal que faculta a fiscales federales y estatales para perseguir con dureza y demandar a las páginas de internet que promuevan servicios sexuales. Se trata de un esfuerzo radical por barrer con esos sitios que equiparan a niñas con un mueble o un pedazo de joyería.

“Estoy firmando esta ley en honor tuyo”, le dijo Trump a Yvonne Ambrose, la mamá de esa joven asesinada. “Nadie tiene que soportar el dolor que tú tienes que pasar”.

Por eso, no podemos quedarnos callados. No podemos normalizar esta violencia. Si en internet, en cualquier rincón del mundo hay un servidor web que maltrata a los seres humanos como mercancía, urge que las autoridades tengan facultades para investigarlos y cerrarlos.

Las páginas web que subastan niñas, niños, mujeres no tienen cabida en un país donde se defienden los derechos humanos. El próximo gobierno, si quiere pacificar a México, necesita mirar a lo que pasa en internet, donde hay miles de víctimas que claman ayuda detrás de una fotografía y una pose obligada, una sonrisa fingida, una lágrima recién secada.

En el negocio La Boutique VIP, derivado de ZonaDivas, les llaman “Joyas” a las mujeres. Yo les digo que no. “Joyas”, señoras y señores, son los héroes que las rescatan, las autoridades que las defienden y las activistas que luchan para que nunca más se oferten seres humanos como si fueran collares.

Imposibles de comprar, porque la vida no está en venta.

@rosiorozco