Durante mucho tiempo pensé que la profundidad de una relación se medía en años. Que conocer verdaderamente a alguien requería calendarios compartidos, aniversarios, fotografías acumuladas y una larga lista de historias que comienzan con un “¿Te acuerdas cuando...?”.
Hasta que alguien llegó a mi vida y, en apenas tres meses, me hizo sentir cosas que no sentí con alguien más en años. Y no lo digo desde la comparación injusta entre personas ni desde esa costumbre que tenemos de convertir cada nuevo amor en “el amor de nuestra vida”. De hecho, todavía no sé qué será esto.
No sé si durará años, toda la vida o simplemente el tiempo que tenga que durar. Lo único que sé es algo mucho más sencillo: “Se siente bien”. Y entonces me acordé de “Feels so right”, de Alabama.
La canción fue escrita por Randy Owen, vocalista y guitarrista de Alabama, y dio título al álbum que la banda publicó en 1981. Se convirtió en uno de los grandes éxitos de aquella etapa en la que Alabama estaba ayudando a transformar el country, acercándolo al pop y al soft rock sin perder sus raíces sureñas.
Pero detrás de todo eso hay una canción sumamente sencilla. No intenta descifrar el amor, sólo lo siente. “Feels so right” habla de dos personas juntas, de cercanía, intimidad, miradas, caricias y de ese instante en el que estar al lado de alguien simplemente parece tener sentido.
Sí, es una canción sensual. Pero reducirla únicamente a eso sería perderse lo más interesante. Porque existe una intimidad que sucede mucho antes de tocarse. La intimidad de sentirte segura. De poder decir lo que piensas sin estar calculando cómo será recibido. De preguntar en lugar de asumir. De hablar de lo incómodo antes de permitir que se convierta en un problema. De descubrir que alguien puede darte emoción y, al mismo tiempo, paz. Y esa última parte ha sido probablemente la más extraña para mí.
Porque solemos confundir el amor con las mariposas, la incertidumbre, la persecución, los mensajes que tardan demasiado en llegar y esa ansiedad disfrazada de emoción que nos hace preguntarnos constantemente dónde estamos parados. Hasta que conoces algo diferente.
Algo donde no necesitas estar descifrando señales todo el tiempo, donde puedes bajar la guardia. Donde dos personas que llevan relativamente poco tiempo conociéndose parecen tener una complicidad que debería haber tardado años en construirse. Como si fueran dos perfectos conocidos. Nuevos y familiares al mismo tiempo.
Y entonces aparece esa pregunta inevitable: ¿Cómo puede sentirse tan conocido alguien que acaba de llegar? No tengo la respuesta. Tal vez algunas personas simplemente conectan. Tal vez compartimos formas parecidas de mirar la vida. Tal vez después de ciertas experiencias aprendemos a reconocer con mayor rapidez aquello que sí queremos. Randy Owen tampoco intenta responder, simplemente canta: “Feels so right”.
Y ahí está el ADN de esta canción. Se siente tan bien. Después de un desamor importante, volver a salir con alguien implica enfrentarte a tus propios fantasmas. Porque una parte de ti quiere emocionarse y otra inmediatamente pregunta: “¿Y si vuelve a salir mal?”, “¿Y si estoy sintiendo demasiado?”, “¿Y si esto solamente dura unos meses?”.
Hoy intento responder esas preguntas de otra manera: No lo sé. Y qué liberador resulta admitirlo. No sé cómo se verá esta historia dentro de un año. No sé si algún día podremos mirar hacia atrás y decir que aquellos primeros tres meses fueron solamente el comienzo de algo enorme. Pero tampoco necesito saberlo hoy. Porque quizá uno de los errores que cometemos cuando algo nos importa mucho es querer conocer el final antes de permitirnos disfrutar el principio. Queremos garantías, queremos protegernos tanto de una posible despedida que terminamos perdiéndonos la llegada.
Y después de haber conocido lo que se siente perder algo que creías seguro, estoy descubriendo algo que parece contradictorio: la paz no viene de saber que alguien nunca se irá. Viene de saber que mientras está, ambos están eligiendo estar. Eso es lo que hoy hace que esto se sienta diferente. No hay grandes promesas. Estamos construyendo. Sin carreras. Sin necesidad de ponerle un final feliz a una historia que apenas comienza. Y tal vez por eso se siente tan bien.
No quiero romantizar tres meses. Pero tampoco quiero minimizar algo bonito El calendario mide tiempo, no mide conexión. Hay personas con las que podemos compartir años y siempre sentir que falta algo. Y hay otras que llegan un viernes cualquiera, cuando ni siquiera estábamos buscando. Eso es lo extraordinario. Hoy no necesito decir que encontré al amor de mi vida. Me basta con saber que encontré a alguien con quien puedo ser yo, que me brinda confianza y me da paz. Y con quien, por alguna inexplicable razón, las cosas no se sienten complicadas.
Porque el amor no siempre necesita comenzar con un “para siempre”. A veces puede comenzar simplemente con dos personas mirándose, reconociendo algo que todavía no saben nombrar y decidiendo no soltarlo mientras siga siendo bueno para ambas. Quizá algún día sabremos hacia dónde iba esta historia. Hoy solamente sé cómo se siente. Y tomando prestadas las palabras de Alabama, por ahora: It feels so right.