Episcopado: las otras elecciones

Ciudad de México /

En México, la provisión de obispos para diócesis vacantes se ha hecho lenta, cauta en el Pontificado de Francisco, quien ha “cerrado” las vías de promoción directa, mediante la cual obispos se “saltaban” al Legado Pontificio (Nuncio) para gestionar cambios de obispos de una diócesis a otra o la promoción de nuevos obispos.

A la fecha, hay cinco circunscripciones eclesiásticas vacantes de las 98 (arquidiócesis, diócesis y prelaturas) que conforman la Iglesia católica en México (incluidas las dos eparquías católicas -rito greco-melkita y rito meronita): Jesús María del Nayar, en Nayarit; Mexicali, en Baja California; San Juan de los Lagos, Jalisco; Tacámbaro, Michoacán; y Tenancingo, Estado de México.

Por otra parte, seis obispos titulares ya superaron los 75 años, y de acuerdo con el Código de Derecho Canónico (canon 401, parágrafo 1), debe presentar la renuncia a su oficio al Papa, y éste “proveerá teniendo en cuenta todas las circunstancias”; es decir, decidirá si la acepta o no considerando cómo estén las cosas en la diócesis, la salud y condiciones del obispo renunciante y la previsión de no dejar mucho tiempo a esa diócesis o demarcación eclesiástica sin obispo.

Los obispos que están en esa situación son: Jonás Guerrero Corona, de Culiacán, Sinaloa; Andrés Vargas Peña, de Xochimilco, Ciudad de México; Rafael Sandoval Sandoval, de Autlán, Jalisco; Alfonso Cortés Contreras, arzobispo de León, Guanajuato; Óscar Armando Contreras Campos, de Ciudad Guzmán, Jalisco; Alfonso Gerardo Garza Treviño, de Piedras Negras, Coahuila.

Las 98 demarcaciones eclesiásticas católicas en México están agrupadas en 10 provincias, encabezadas por un arzobispo; pero todos los que las presiden (arzobispos y obispos), a su vez, conforman la Conferencia del Episcopado Mexicano. A la fecha, el Episcopado Mexicano se integra con 166 obispos, de los cuales 44 son eméritos, es decir, tras cumplir 75 años de edad, y en algunos casos por cuestiones de salud o especiales, renunciaron a su oficio o estar al frente de una diócesis.

Ahora bien, de los 166 obispos en funciones, 28 son auxiliares, es decir, apoyan-colaboran directamente al titular de la diócesis. Quienes tienen más auxiliares son Guadalajara tiene seis, Ciudad de México seis, Monterrey siete. Con uno, están: Morelia, Puebla, Toluca, Tuxtla Gutiérrez, Xalapa, Yucatán, San Cristóbal de las Casas y Zamora.

La provisión de obispos comienza con la “promoción” que hacen los propios obispos para cubrir una vacante o nombrar obispo auxiliar.

El Código de Derecho Canónico (canon 377) marca el procedimiento inicial para la promoción de obispos, siempre con el principio de que el Papa “nombra libremente a los Obispos”: “Al menos cada tres años, los Obispos de la provincia eclesiástica o, donde así lo aconsejen las circunstancias, los de la Conferencia Episcopal, deben elaborar de común acuerdo y bajo secreto una lista de presbíteros, también de entre los miembros de institutos de vida consagrada, que sean más idóneos para el episcopado, y han de enviar esa lista a la Sede Apostólica, permaneciendo firme el derecho de cada Obispo de dar a conocer particularmente a la Sede Apostólica nombres de presbíteros que considere dignos e idóneos para el oficio episcopal”.

Pero, “corresponde al Legado pontificio (Nuncio) investigar separadamente y comunicar a la misma Sede Apostólica, juntamente con su opinión, lo que sugieran el Arzobispo y los Sufragáneos de la provincia, a la cual pertenece la diócesis que se ha de proveer o con la cual está agrupada, así como el presidente de la Conferencia Episcopal; oiga además el Legado pontificio a algunos del colegio de consultores y del cabildo catedral y, si lo juzgare conveniente, pida en secreto y separadamente el parecer de algunos de uno y otro clero, y también de laicos que destaquen por su sabiduría” (parágrafo 3).

Con lo anterior, queda claro que el obispo propone-promueve a sacerdotes en su Provincia o región, el Nuncio “filtra” a los propuestos-candidatos, el Presidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano “mete mano”, y el Nuncio, envía al Vaticano (Dicasterio para los Obispos), donde se le presenta al Papa la terna para que él elija.

¿A quiénes se proponen para ser obispos? La base lo marca el Código de Derecho Canónico (canon 378): “Insigne por la firmeza de su fe, buenas costumbres, piedad, celo por las almas, sabiduría, prudencia y virtudes humanas, y dotado de las demás cualidades que le hacen apto para ejercer el oficio de que se trata; de buena fama; de al menos treinta y cinco años; ordenado de presbítero desde hace al menos cinco años; doctor o al menos licenciado en sagrada Escritura, teología o derecho canónico, por un instituto de estudios superiores aprobado por la Sede Apostólica, o al menos verdaderamente experto en esas disciplinas”.

Con esta base, el Nuncio hará las “consultas” (escrutinios) por escrito bajo secreto al consultado. Pero para llegar a ello, el sacerdotes debe ser alguien “cercano” y “conocido” por el obispo que lo propone, por lo que en la práctica, es un sacerdotes que ha ocupado cargos y desempeñado funciones cercanas al obispo: rector o formador en algún seminario, desempeñarse en las oficinas curiales, estar al frente de una responsabilidad diocesana, haber realizado estudios superiores al término de su formación como sacerdote, y en el caso de México, de preferencia haber estudiado en alguna universidad pontificia de Roma.

El Nuncio, así, tiene en sus manos una lista de candidatos al episcopado sobre la que echa mano cuando hay una sede vacante. Pero en esa preselección para indagar la idoneidad intervienen los obispos de las provincias o regiones donde hay vacante, proponiendo o sugiriendo perfiles. Los arzobispos de las provincias y en particular el presidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano, “llevan mano”. Monterrey, por cierto, en los últimos 20 años ha sido muy proactiva en la promoción de nuevos obispos, superando a Guadalajara, que en el siglo XX lidereó en México como “proveedora” de obispos.

Si los obispos metropolitanos lo gestionan y el Nuncio (Legado) lo impulsa, en tiempos cortos podrá tener una propuesta de “terna” que enviará al Dicasterio de los Obispos donde se analizan las “ternas”, se elaboran dossiers que cada semana el Prefecto (Robert Francis Prevost), presenta al Papa en audiencia privada (ordinariamente los sábados).

El Papa, por su parte, en los siguientes días determina quién de cada terna presentada será obispo; se remite la decisión al Dicasterio y éste notifica al Nuncio para que a su vez cite o se encuentre con el sacerdote para informarle que el Papa lo ha elegido para ser obispo.

Pero el asunto no queda ahí. Al elegido se le pregunta si acepta. Se han registrado casos de sacerdotes que no lo aceptan, y en ese momento, el proceso reinicia; pero si acepta, se le informa al elegido qué día se hará pública su elección y que deberá guardar en secreto hasta ese día (que se publique en el L’Osservatore Romano, órgano de información semi oficial del Vaticano. El órgano oficial del Vaticano el Acta Apostólica Sedis). Una vez hecho el anuncio público, debe ser ordenado obispo y/o tomar posesión de la diócesis que se le asignó en un periodo no mayor a tres meses.

¿Qué está pasando en México? Si se observan otras naciones, las diócesis quedan poco tiempo vacantes. Luego de la visita ad limina que realizaron los obispos mexicanos entre abril y julio pasados, se preveía el agilizarse las promociones. El asunto, sin embargo, se ha postergado y podría reactivarse a partir de finales de agosto próximo, pues en el Vaticano entraron en periodo vacacional (la canícula paraliza Roma).

Joseph Spiteri, nuncio apostólico en México, está por cumplir un año en México. No falta quienes señalan que como “filtro” en la gestión de nuevos obispos, llegó con la encomienda de impulsar un cambio generacional que saque al episcopado de la reactividad.


  • Rubén Alonso
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