En el ecosistema digital adolescente y juvenil, el valor personal ya no se mide sólo en likes, visualizaciones ni interacciones superficiales, sino en una divisa abstracta, volátil y poderosa: el aura.
Proveniente del mundo de los videojuegos de rol y popularizado masivamente a través de las llamadas “batallas juveniles” en redes sociales como TikTok, “farmear aura” implica la recolección constante, paciente y estratégica de puntos de respeto, autoridad, estilo y admiración.
Cualquier paso en falso, titubeo o momento incómodo resta puntos de aura; por el contrario, una respuesta audaz, segura o el manejo impecable de una acción los suma.
Trasladado a la política, este fenómeno sociodigital se desliga de la frivolidad de internet y construye el prestigio institucional a partir de la ejecución de acciones de alto impacto y con datos duros e inapelables.
Para la presidenta Claudia Sheinbaum farmear aura no es simple evaluación de prestigio digital, sino resultado de políticas públicas, manejo de datos duros y la multicausal situación llamada popularidad aun cuando, a pesar de algunas voces pretendientes de ejercicio de crítica, su aceptabilidad social no sea —dicen— “liderato efectivo”, y aunque aplicado el mismo rigor a personajes de la oposición la ausencia de arrastre y de “liderato” está plena y sencillamente ausente.
Existe estabilidad financiera, un peso mexicano mejorando la barrera de las 17 unidades por dólar, pruebas materiales de soberanía monetaria y orden administrativo; ampliación de oferta educativa o avances en seguridad agregan valor —aura— a la gestión de Sheinbaum.
Ante el espinoso escenario de las relaciones bilaterales con Estados Unidos, donde de acuerdo con la Presidenta hay un doble discurso por parte de la DEA, la probabilidad de farmear aura se beneficia del elogio al secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, Omar García Harfuch, y, por el otro, también lo hace, paradójicamente, la afirmación de Sheinbaum sobre las contradicciones de esa agencia.
Reputación legítima y reconocimiento social acumulado operan como vasos comunicantes extendidos a liderazgos clave como el de la jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Clara Brugada, quien a través de sus recorridos Casa por Casa ha institucionalizado un modelo de cercanía ejecutiva. Ambas mandatarias rondan el 65 por ciento de aprobación. La oposición no logra ni la cuarta parte de esa aceptabilidad. ¿Qué pensarán los adolescentes?
En su aplicación de la teoría de sistemas a las ciencias sociales, David Easton señalaba el apoyo difuso como reserva de buena voluntad colectiva y herramienta de sobrevivencia ante turbulencias socioeconómicas. En la era de la exigencia digital juvenil, el apoyo resulta de la evidencia de resultados.
Guste o no a la oposición, la Presidenta gana en la batalla de farmear aura.