Columna de Sara S. Pozos Bravo

El carácter de La Luz del Mundo

Sara S. Pozos Bravo

En el marco de la fiesta más grande e importante para la Iglesia La Luz del Mundo –la Santa Convocación-, el día de ayer se llevó a cabo la ceremonia de Bienvenida a las delegaciones nacionales y de 58 países. Uno a uno, los cerca de cuatrocientos mil creyentes que ya habían llegado a Guadalajara, se apostaron en las sedes que, de manera simultánea, se habilitan en esta festividad.

Ayer, el lloro y la paz se encontraron en el corazón de los creyentes. El lloro porque, tras muchas vicisitudes por fin habían llegado a Hermosa Provincia, descrita por el David como el gozo de toda la tierra. La paz, porque tras recibir las palabras de bendición y bienvenida enviadas por el apóstol de Jesucristo, Naasón Joaquín García, el corazón de los creyentes encontró una vez más la paz que ansiaba tener. Ayer, el abrazo con el otro, los confortó. Ayer, el dolor quedó atrás. El dolor causado por unos meses en el que la persecución e intolerancia se siguen haciendo sentir contra La Luz del Mundo; meses de linchamiento mediático que se extiende a las redes sociales, sin que nadie advierta la deshumanización que, como otrora, se hiciera a los judíos en el holocausto.

En esto se resume la fe de La Luz del Mundo: en orar y adorar a Dios; en reconocer el sacrificio que Jesucristo hizo por la humanidad; en vivir su fe y su religiosidad conforme a sus principios; en creer y reconocer la autoridad apostólica del elegido por Dios. Esto es lo que no entiende la sociedad que los agrede, que los critica, que los amenaza; que también se burla de su fe y del director internacional.

Y frente a ese discurso de odio y al linchamiento mediático hastiado de desinformación tendenciosa, los creyentes se mantienen en pie, dan razón de sus creencias, atienden la invitación que el apóstol de Jesucristo les ha hecho para estar y conmemorar la Santa Cena. Sabiendo que el ser cristiano es sinónimo de sufrimiento, los creyentes analizan con la razón su fe. Y mientras los medios ven vacío físico, los creyentes ven presencia espiritual; mientras ellos sostienen que La Luz del Mundo se acabará, los cristianos viven en franca prosperidad; mientras los medios confunden la fe con el fanatismo, los creyentes confirman por la razón, la fe. Mientras algunos medios azuzan al odio contra la Iglesia, ésta se levanta y está en pie.

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