Aquella pudo ser mi última columna

Tamaulipas /

Alguna vez pensé en dejar de escribir esta columna.

No por falta de tiempo o de ganas de compartir una opinión, sino por la sensación de que cada vez había menos lectores dispuestos a detenerse para leer una columna.

Desde hace años, la lectura de textos largos muestra una tendencia a la baja. Se ha creado un modelo en el que queremos la información en el menor tiempo y con el menor esfuerzo posibles.

Los textos tradicionales han sido desplazados por el consumo de contenido digital “rápido”: memes, videos de pocos segundos y publicaciones cortas.

Los datos disponibles confirman la complejidad del problema y también la dificultad para hacer comparaciones precisas.

Los hábitos, las formas y las fuentes de lectura han cambiado mucho, lo que obliga a actualizar las metodologías de medición.

Hoy, el Inegi estima que, considerando los nuevos hábitos de lectura, en México se leen en promedio 4.2 libros al año.

Aunque dicha cifra es mucho más favorable que el “menos de un libro al año” que durante mucho tiempo se utilizó para dimensionar la lectura en el país, sigue siendo insuficiente.

Seamos claros: el problema es grave y se refleja en nuestro entorno. En México existen alrededor de 31 mil bares y centros nocturnos, frente a estimaciones que ubican entre mil y mil 500 librerías.

Por cada librería habría más de 20 ó 30 bares o centros nocturnos. En la mayoría de los municipios, encontrar un bar es sencillo; encontrar una librería, prácticamente imposible.

No se trata de descalificar, sino de preguntarnos, con honestidad, qué tipo de país estamos fomentando y qué lugar le estamos dando, en el entorno, a la lectura.

En el ámbito privado, además de la escasez de librerías, se suma una alta concentración en unos cuantos estados y ciudades; y en lo público, bibliotecas poco atractivas, desactualizadas o desconectadas de las nuevas generaciones.

Hay un entorno que no invita a leer. Revertir esta situación exige acciones claras de todos los gobiernos y exige mucho de nosotros como sociedad.

No dejé de escribir gracias a los mensajes de algunas personas que, sin saberlo, fueron decisivas para mí, y por la convicción de que apostar por la lectura -en cualquiera de sus formas- sigue siendo una apuesta por el pensamiento crítico, la conversación pública y el futuro del país.

A ustedes, gracias por ser mi soporte cuando dudé. Feliz 2026.


  • Saúl Barrientos
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