El cambio que el campo necesita

Tamaulipas /

El campo, para producir los alimentos que necesita la población, requiere insumos que le permitan mantener e incrementar su producción.

En las últimas décadas, esa función ha dependido principalmente de insumos químicos —como fertilizantes y plaguicidas— que han ayudado a producir más, pero también han generado una alta dependencia externa y presiones económicas, ambientales y de salud.

Hoy, los fertilizantes han vuelto a subir de precio de forma importante. No es menor: se ubican entre 50% y 60% por encima de lo que costaban hace unos meses.

El problema no se queda ahí; este aumento se da en un momento complicado, en el que los precios internacionales de granos básicos —como maíz, trigo y sorgo— están muy bajos para los productores.

Es decir, producir cuesta más, pero vender no deja lo suficiente.

México depende de fertilizantes importados, entre el 65% y casi el 80%, lo que nos hace vulnerables a factores externos.

En los últimos años se han registrado tres “picos” en los precios: durante la pandemia, con la guerra en Ucrania y ahora por las tensiones en Medio Oriente y el aumento en los energéticos.

Frente a este escenario, promover los bioinsumos —basados en microorganismos, extractos naturales y procesos biológicos— aparece como una solución lógica, pero el tema va más allá de sustituir un insumo por otro o combinarlos: implica replantear la forma de producir.

Porque hablar de bioinsumos es hablar de ciencia, regulación, transferencia tecnológica y capacidades productivas. Implica reconocer que el reto no es sólo técnico, sino institucional: reglas claras, procesos ágiles y políticas que impulsen su adopción.

Y aquí algo clave: los bioinsumos son transversales. Van desde el sector social —con experiencias comunitarias y biofábricas— hasta empresas nacionales e internacionales que han invertido en desarrollo tecnológico.

Su adopción requiere avanzar en ambos carriles: el social y también el tecnológico, que es fundamental para generar un cambio de fondo.

Los fertilizantes difícilmente van a bajar de precio. Lo que se requiere es perfilar un gran cambio en la forma de producir. En esto tenemos que apostar todos: gobierno, empresas de alimentos, productores, agrónomos, productores de bioinsumos y consumidores.

Es momento de avanzar hacia esquemas más equilibrados y alimentos con menor carga de químicos. Es tiempo de los bioinsumos, hagámoslo bien.


  • Saúl Barrientos
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