Quien haya renovado recientemente un seguro ya lo notó: estar asegurado cuesta cada vez más. Hay razones.
La inflación médica crece muy por encima de la general. Hospitales, medicamentos y tratamientos son más caros. A eso se sumó este año un cambio fiscal que impide a las aseguradoras acreditar determinado IVA relacionado con el pago de siniestros, convirtiéndolo en un costo adicional, pero eso no explica todo.
En los seguros de gastos médicos cambiar de compañía puede ser complejo. Un estudio publicado en 2022 por la entonces Cofece encontró que las cuatro principales aseguradoras concentraban 75% de las primas y que los usuarios enfrentaban barreras para cambiarse.
Con el tiempo aparecen padecimientos y, al buscar otra aseguradora, pueden surgir preexistencias, periodos de espera o problemas con la antigüedad. Mientras más necesitas tu seguro, más difícil puede ser dejarlo.
Entonces llega la renovación ¿Cuánto aumentó por inflación médica, edad, siniestralidad o IVA? ¿Y cuánto corresponde al ajuste de la aseguradora?
Pero hay otra parte del problema: los hospitales. Se han documentado precios muy altos en medicamentos, insumos y procedimientos. Muchos casos en los que un servicio cuesta más cuando interviene una aseguradora que cuando el paciente paga directamente.
Si una cirugía, un medicamento o una hospitalización cuestan más, ese precio lo acaban pagando todos los asegurados.
El citado estudio documentó que Ciudad de México, Estado de México, Jalisco y Nuevo León concentraban 79% de los hospitales privados con más de 100 camas y 70% de los pagos de las aseguradoras. La atención privada más compleja concentrada en pocos lugares.
Por eso importa la discusión en el Congreso para transparentar los incrementos de los seguros y las tarifas hospitalarias, y facilitar el cambio de compañía.
Aquí no hay un solo responsable. Hay inflación médica, impuestos y siniestralidad, pero también poca movilidad, concentración hospitalaria y costos que requieren mayor transparencia.
Si más familias dejan su seguro porque ya no pueden pagarlo, tendrán que cubrir sus gastos médicos o recurrir a un sistema público que ya batalla para atender a millones de mexicanos.
Estamos frente a un problema que, si no se corrige, terminará trasladando su costo a todo el sistema de salud y, lamentablemente, también puede costar vidas.