Gobernar sin sombras

Tamaulipas /

Cuando la prioridad es totalmente electoral: tener condiciones para crecer, posicionarse en encuestas, ganar elecciones y construir mayorías a como dé lugar, se abren puertas, se intentan limpiar trayectorias, se suma a todos y se disculpa todo.

Lo ocurrido en Sinaloa no es un episodio más en la larga lista de crisis de seguridad. Es un punto de quiebre. Un mensaje directo e imposible de ignorar para todo el sistema político.

Ese mensaje cobra especial relevancia en estados como Tamaulipas, donde durante décadas ha quedado demostrado lo costoso que resulta la cercanía entre poder político y estructuras criminales.

Ya no basta con que una candidatura sea competitiva; tiene que ser creíblemente libre de complicidades, en México y, sobre todo, ante Estados Unidos. Eso implica algo más que cumplir formalidades: implica no cargar con sombras que, de confirmarse, comprometan a toda una administración.

En Tamaulipas, el reto es evidente: asegurar que en los próximos procesos electorales sus candidaturas estén realmente blindadas.

Porque el problema no empieza cuando se acredita un nexo; empieza cuando hay indicios o relaciones que no resisten escrutinio y, aun así, se decide avanzar bajo el cálculo de que “no pasará nada”.

En este momento, en los tres niveles de gobierno, cualquier perfil con un riesgo razonable de cuestionamiento debe perder visibilidad política. No es una sanción anticipada, es una medida de responsabilidad pública. El costo de equivocarse en esta materia no es individual, es institucional.

Para la oposición, la exigencia es la misma: construir candidaturas a prueba de señalamientos. Pero hay un dato incómodo: aun con el desgaste del partido en el poder, no han logrado convertirse en alternativa.

Hoy, en lugares como Tamaulipas, incluso bajo el escenario hipotético de que el partido en el poder no presentara candidata o candidato, lo más probable es que derrotaría a sus adversarios.

Eso también se explica por una oposición fragmentada: el PAN -segunda fuerza en el estado- atraviesa un momento marcado por disputas internas, y el resto de las fuerzas siguen lejos de ser competitivas.

Ahí está la magnitud del vacío.

La política mexicana operó demasiado tiempo en zonas grises. Aprendió a convivir con ellas, a administrarlas y justificarlas. Quizá el reto más urgente para los gobiernos sea, precisamente, que se gobierne sin sombras.


  • Saúl Barrientos
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