Tenía 45 años, una familia y ningún síntoma. Un estudio de rutina reveló que sus riñones llevaban años perdiendo función sin dar señales. No se trata de una historia rara.
En México, miles de personas descubren que tienen enfermedad renal crónica (ERC) cuando ya necesitan diálisis o trasplante. Se estima que alrededor del 12 % de la población —más de 13 millones de personas— vive con algún grado de ERC, aunque la cifra real podría ser mayor por la baja detección en etapas tempranas.
Lejos de ser un problema marginal, la enfermedad renal muestra una tendencia creciente.
Hoy es el Día Mundial del Riñón y nos confronta con esta realidad: la diabetes y la hipertensión —dos de los padecimientos más extendidos en el país— dañan los riñones de forma progresiva, sin dolor y sin síntomas evidentes.
El deterioro puede tomar años, pero avanza con certeza y la prevención y la detección temprana siguen sin ocupar el lugar que merecen.
Las cifras lo confirman: la enfermedad renal crónica es una de las principales causas de muerte en México y ejerce una fuerte presión sobre el sistema de salud y sobre las familias.
Controlar la glucosa, medir la presión arterial y realizar estudios básicos de orina podrían cambiar esta historia.
Sin embargo, para millones de mexicanos siguen siendo excepción, no regla.
Dentro de este panorama existe una dimensión menos visible: las enfermedades renales hereditarias. El riñón poliquístico, por ejemplo, es una condición genética que afecta a miles de personas en México.
Provoca la formación progresiva de quistes en los riñones, puede estar presente desde edades tempranas y manifestarse cuando el daño ya es considerable. Al transmitirse de padres a hijos, cada diagnóstico involucra a toda la familia.
Como lo dimos a conocer desde su creación, la Fundación Mexicana para el Riñón Poliquístico A.C. trabaja para que las familias afectadas no enfrenten la enfermedad sin información ni acompañamiento.
Hoy impulsa la primera comunidad nacional de pacientes, convencida de que el diagnóstico oportuno y el acceso a información clara sí pueden marcar la diferencia.
El Día Mundial del Riñón no es una fecha simbólica: es un llamado a tomar en serio la enfermedad renal crónica.
Cuidar los riñones empieza por lo básico —prevenir, detectar e informarse— antes de que el silencio vuelva irreversible lo que pudo evitarse.