Las pequeñas cosas que tumban gobiernos

Tamaulipas /

Durante años, buena parte de la conversación pública en México giró alrededor de una sola palabra: inseguridad. Y sí, sigue siendo un problema de enormes dimensiones.

La violencia, el crimen, las extorsiones y el miedo siguen siendo una de las heridas más profundas del país. Negarlo sería irresponsable.

Pero la más reciente Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU) del INEGI deja ver algo que quizá no estamos leyendo con suficiente atención: las preocupaciones de la gente han comenzado a compartir espacio con algo igual de poderoso: el desgaste de lo cotidiano.

Hoy, lo que más preocupa en las ciudades mexicanas no está necesariamente en los grandes debates nacionales ni en las disputas políticas de todos los días. Son los baches, el agua, el alumbrado, el tráfico y los servicios públicos que fallan.

La ENSU muestra algo revelador: 82.7% de las personas identifican los baches como uno de los principales problemas de su ciudad. Las fallas en el suministro de agua potable alcanzan 59.2%; el alumbrado insuficiente, 56.3%; el tráfico, 53.6%. Incluso la delincuencia aparece por debajo de varios de estos problemas, con 52.1%.

No es que la inseguridad haya dejado de importar —sería absurdo decir eso—; es que la ciudadanía está mandando otro mensaje: la calidad de vida también importa.

Porque la gente quiere vivir segura, pero también quiere vivir bien.

Quiere abrir la llave y que salga agua.

Quiere no golpear el carro a diario.

Quiere gastar menos vida en el tráfico.

Quiere calles iluminadas y servicios de salud que funcionen.

Quiere servicios públicos que, simplemente, hagan su trabajo.

Y quizá ahí está una de las grandes desconexiones de la política mexicana.

Mientras gran parte de la discusión pública vive atrapada entre polarización y los debates nacionales, millones de personas siguen enfrentando problemas mucho más inmediatos y

frustrantes.

Los gobiernos municipales suelen ser el primer contacto de la ciudadanía con el Estado. Y, sin embargo, muchas veces terminan siendo el eslabón más débil de la gestión pública: poco presupuesto, baja capacidad técnica, planeación deficiente y una política que suele privilegiar lo visible o lo popular sobre lo funcional.

La política se obsesiona con las grandes narrativas. La ciudadanía, en cambio, suele valorar y decidir desde algo mucho más sencillo: quién le hizo la vida un poco más fácil… o mucho más difícil.


  • Saúl Barrientos
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