Hay temas que sólo importan cuando fallan.
La sanidad e inocuidad agroalimentaria es uno de ellos. Suena técnico, incluso lejano. No lo es.La sanidad protege cultivos, animales y productos del campo frente a plagas y enfermedades. La inocuidad garantiza que los alimentos que consumimos sean seguros para nuestra salud.
En palabras simples: que lo producido no se pierda por una plaga, que lo exportado pueda cruzar fronteras y que lo que comemos no represente un riesgo para las familias.
Mientras funciona, casi nadie habla de ella. Sin embargo, está presente en algo tan cotidiano como tomar leche o café, comer fruta, carne o huevo. Por eso este tema debería ser una prioridad nacional.
México enfrenta retos complejos. En la ganadería está el gusano barrenador. En los cítricos, el HLB, una enfermedad incurable. En el café, la roya y la broca. En distintos frutales, la mosca de la fruta.
Cada problema tiene su propia dimensión, pero todos comparten algo: si no se atienden a tiempo, afectan la productividad, encarecen los alimentos, pueden cerrar mercados y representar riesgos para los consumidores.
Ahí está el punto central: la sanidad no se nota cuando funciona. Casi nadie celebra que una plaga no entró, que un brote se controló o que un cargamento pudo exportarse sin problema. Cuando falla, el costo es inmediato.
Y hay algo que debemos decir: hay que perderle miedo al gasto operativo de las instituciones. Durante años se ha presentado como algo negativo, cuando también significa personal, presencia territorial y capacidad de respuesta.
Cuando esos recursos se reducen, disminuye la capacidad de prevenir y atender emergencias. El presupuesto del Senasica, institución encargada de la sanidad e inocuidad, se ha recortado, en términos reales, a prácticamente la mitad de lo que tenía en 2018.
Y cuando la prevención se debilita, los problemas cuestan mucho más. Hay estimaciones de que el gusano barrenador, por el cierre de la frontera, ha costado más de 1,850 millones de dólares, poco más de 32 mil millones de pesos; hablamos de un solo problema frente a un presupuesto anual del Senasica de 5 mil millones de pesos.
No se trata de convertir un tema técnico en disputa política. Se trata de reconocer que la prevención cuesta menos que la emergencia, y que invertir en sanidad e inocuidad es cuidar lo que producimos, lo que comemos y lo que podemos vender al mundo.