Ojalá no sea Sinaloa

Tamaulipas /

Hay estados que no pueden darse el lujo de vivir una crisis política.

Tamaulipas es uno de ellos.

Por su ubicación geográfica, su importancia económica, su relación con Estados Unidos y los desafíos de seguridad que históricamente ha enfrentado, la estabilidad institucional no es un asunto menor.

Por eso los recientes señalamientos que involucran al gobernador Américo Villarreal deben analizarse con seriedad y responsabilidad.

En un estado de derecho nadie debe ser condenado por rumores o notas periodísticas, pero tampoco podemos ignorar una lección que México acaba de vivir.

Sinaloa nos recordó que las crisis políticas pueden tener consecuencias profundas para la gobernabilidad.

Hace apenas unos años los sinaloenses eligieron a un gobernador y a un presidente municipal para la capital del estado.

Sin embargo, los acontecimientos posteriores terminaron colocando en el centro de las decisiones a actores distintos a los que aparecían en las boletas electorales.

A ello se sumaron hechos inéditos, como la entrega voluntaria de exfuncionarios ante autoridades de Estados Unidos, profundizando la percepción de una crisis política que trasciende las fronteras.

Más allá de filias o fobias partidistas, nadie debería querer que algo semejante ocurra en Tamaulipas. Y menos en un momento en el que se revisa el tratado comercial y en una entidad consolidada como uno de los principales puntos de intercambio comercial entre México y Estados Unidos.

Tamaulipas es frontera, industria, comercio exterior, puertos, energía y logística; la confianza institucional importa.

Porque cuando surgen dudas sobre quiénes gobiernan, la incertidumbre no se queda en la esfera política: termina afectando inversiones, decisiones empresariales y la percepción de estabilidad que requiere cualquier estado para crecer.

Porque cuando la discusión pública deja de concentrarse en desarrollo económico, empleo o infraestructura para centrarse en acusaciones e investigaciones, quien pierde es la ciudadanía.

Tamaulipas necesita estabilidad y autoridades concentradas en gobernar, no en defenderse. Ojalá que -sea cual sea- prospere la verdad, que las instituciones funcionen y actúen, pero, de verdad, ojalá que Tamaulipas no viva un escenario como el de Sinaloa.

Porque si hay algo que los tamaulipecos no necesitamos, es otra etapa de incertidumbre. Ni que la política siga siendo más problema que soluciones para el Estado.


  • Saúl Barrientos
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