Tiempo de decisiones

Tamaulipas /

Lo que ocurre en el campo rara vez se queda en el campo. El aumento de más del 50% en los precios de los fertilizantes no es sólo un dato: es una señal de alerta.

Puede parecer un asunto técnico, pero no lo es. Detrás de ese incremento está en juego algo más profundo: la rentabilidad del agro y, con ella, el acceso a los alimentos de todas y todos los mexicanos.

El problema tiene un componente estructural: México depende en más de un 65% de fertilizantes importados. Es decir, buena parte de la productividad del campo está sujeta a variables externas que no controlamos.

Pero hay que decirlo: hoy la presión no viene sólo por el lado de los costos, también está en los ingresos.

En cultivos básicos como el maíz, el productor enfrenta una realidad compleja: producir más no significa ganar más. Los precios internacionales, marcados por sobreofertas y altos inventarios, han reducido los ingresos incluso en ciclos de buena producción.

La ecuación es preocupante: suben los costos y los precios que le pagan al productor no acompañan.

Cuando producir alimentos deja de ser rentable, el impacto se traslada a los precios, a la disponibilidad y, eventualmente, a la seguridad alimentaria del país.

Cada alza en fertilizantes evidencia no sólo una presión económica, sino una vulnerabilidad estratégica. Conflictos internacionales, problemas logísticos o variaciones en el tipo de cambio terminan impactando directamente en lo que cuesta sembrar en México.

En este contexto complejo, cobran mayor relevancia alternativas que permitan reducir dependencias y mejorar la eficiencia en el campo, como los bioinsumos.

Hablar de bioinsumos es hablar de insumos que han avanzado mucho en los últimos años, pero cuyo impulso ha quedado rezagado por la falta de una política integral que detone su uso.

Los bioinsumos pueden ayudar a estabilizar costos, mejorar la salud del suelo y, sobre todo, avanzar hacia alimentos más sanos. No se trata de una sustitución inmediata, sino de una transición estratégica.

El reto es claro: construir condiciones para que esa transición ocurra, con reglas claras, acceso real a tecnología y acompañamiento al productor. Lo demás es posponer una crisis que ya hemos visto antes.

Es tiempo de decisiones. Es tiempo de bioinsumos.


  • Saúl Barrientos
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