Un 7 de julio diferente

Tamaulipas /

Antes de hablar de precios, inflación o seguridad alimentaria, habría que mirar hacia abajo.

Ahí, debajo de nuestros pies, está una parte de la respuesta. El suelo no aparece en los tickets del supermercado ni suele ocupar titulares. Pero de él depende casi todo lo que comemos.

Por eso, el Día Internacional de la Conservación del Suelo, que se conmemora cada 7 de julio, no debería ser una fecha más en el calendario ambiental. Debería ser una llamada de atención.

Hablar del suelo no es hablar solamente de tierra; es hablar de comida, agua, campo, salud y futuro.

De acuerdo con la FAO, cerca del 95% de los alimentos que consumimos dependen directa o indirectamente del suelo. En palabras simples: casi todo lo que llega a nuestra mesa nace, crece o depende de esa capa viva que muchas veces solo se valora por los metros cuadrados del terreno de una casa.

Las estimaciones advierten que el 52% de los suelos agrícolas del mundo ya presentan algún nivel de degradación. Y si no cambiamos la forma de producir, más del 90% podría estar degradado hacia 2050.

Conservar el suelo no es un lujo ambiental ni una moda verde; es una necesidad básica.

México debería tomarlo con mayor seriedad. Somos un importante productor de alimentos, pero también un país vulnerable a sequías, pérdida de fertilidad y degradación de tierras. Hablar de soberanía alimentaria exige hablar primero de suelos sanos.

El suelo está lleno de vida: en una pequeña porción pueden existir miles de especies de microorganismos que mantienen la fertilidad y sostienen los ciclos naturales de la agricultura.

Ya no es solo tierra que se pisa; es una fábrica natural de alimentos, una fuente de biodiversidad, almacén de agua, patrimonio de los productores y garantía de alimentación para todos.

Se necesitan políticas públicas que pasen del discurso a la tierra: restauración de suelos, prácticas regenerativas, uso de bioinsumos y mediciones reales y constantes de la salud del suelo, pero también se necesita entenderlo desde la vida cotidiana.

Cada vez que hablamos del futuro del campo o de alimentos suficientes y accesibles, deberíamos recordar que nada de eso será posible si seguimos perdiendo suelo fértil.

Fue un 7 de julio diferente porque empezó con entender algo muy simple: el suelo que hoy no cuidamos será la comida que mañana no tengamos.


  • Saúl Barrientos
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