Señor, la siguiente cuadra es la última parada; ah… sí, ahí bajo. Adiós, señor, ¡hasta pronto!”, se despidió quien se bajó del camión, en su último viaje que tendrá en su vida, y reflexionó posteriormente; realmente… ha sido un pasajero en toda su existencia. Cuando nació, fueron años bellos; pero un día el menos pensado, se fueron la pubertad y la adolescencia. Se veía que eran años eternos y pesados, pues todo le caía y veía mal, y pensaba que nadie lo quería. Vino la edad adulta y la responsabilidad en su trabajo y con su familia se fueron al máximo. ¡Todo eran ellos, y nada más! Y él deseaba en su empleo crecer, desarrollarse y tratar de hallar un hueco en la estructura organizacional y percibir más compensaciones. Todo esto lo ayudó a ser cada día mejor y a motivarse para seguir escalando en la empresa y en la vida personal; jefes que le caían mal y otros bien a los que había que aprenderles mucho, siempre fueron valorados unos y otros, pues todos dejaron riqueza y sabiduría en conocimientos y experiencia. Pero al final también esos tiempos pasaron, y el pasajero se iba bajando del transporte que lo llevaba; todos los cambios de su vida, laboral y personal, cada día los fue apreciando más, y cada vez que tomaba un nuevo reto lo manejaba de manera más inteligente, sensible y con la suficiente sabiduría, que no solo lo hacían grande, sino también aprendió que todo lo adquirido había que compartirlo, y es lo que hizo; eso le dio un sentimiento de autorrealización. Las enfermedades y dolencias propia de la edad, las iba sorteando y superando, unas de manera más rápida y otras más despacio.
Siempre se repetía el patrón del pasajero, porque todo es así, temporal, y por ello, pensó que todo hay que vivirlo al máximo porque será la última vez que se tiene en edad, pensamiento, momento y frescura, ya no habrá otro momento igual, podría ser parecido y mejor, pero nunca igual, y cada experiencia vivida le iba dejando una huella que al final de su camino se dio cuenta de que era profunda; por eso hay que valorar todo lo que se tiene: familia, trabajo, amigos y vida en su máxima expresión.
Por ello, no se quiso arrepentir de que fue un buen pasajero en lo que se hizo, o por lo menos se empeñó en serlo.
¡Bajan en la siguiente esquina! ¿Cuánto es? Para usted que se portó bien en su vida y siempre trato de dar algo a los demás, es gratis. _
El pasajero
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Sergio Luis Naumov
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