Tortas Tim

Ciudad de México /
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En el #65 de la calle Dr. Atl un insurrecto gabinete de maravillas abre a las 3 de la tarde a partir del miércoles, demostrando que la transmutación existe. La torta, tótem de nuestra ciudad. Tortas Tim: acto disidente, manifiesto mágico-anarquista, proyecto de soberanía alimentaria real. Alquimia vegetal, NO rotundo a la cruel industria cárnica especista. La suave/educada voz de Areli, ser marino, encargada de alimentar el fuego, unta mayonesa sin crueldad a una ovalada telera doradita, mientras narra que Tim y su universo acompaña desde niño al artista sideral Martí Guerrero que navegaba en su primera nave espacial a los 6 años-personas aburridas la llamarían “tina blanca de los años 20”-; vegetariano durante 15 años por herencia materna, hermosamente vegano desde hace 5, tras un acercamiento a unos krishnas transicionó al veganismo. Martí jamás buscó complacer, ni el reconocimiento de galerías o museos, sin desearlo: lo logró. Artista de trayectoria/obra más subversiva e interesante reconocido aquí y en Tokio, Seúl, Nueva York, París, Madrid y más. Sus compañeros de aventuras: Tim, Lolita, Dadito, bella inocencia que el smog no ha logrado corromper, saga cyberpunk de callejones que tienen salida, la tierna luz parpadeante de un poste eléctrico que siempre amenaza con apagarse en esta ciudad alumbra a estos seres. El caos de la ciudad nos ignora. El mundo jamás fue “normal”, qué honor no encajar en el imaginario neurótico/normaloide que insiste en asesinar lo más valioso en nosotros: la compasión. Tortas Tim, viaje interestelar, manifiesto anarquista culinario, hogar de Tim Roto, mutante que nació probablemente del romance de un meteorito con el último lago de esta ciudad que ahora es un charco de agua. Este ser de condición genuina, al estar “roto” desafía la farsa necrocapitalista, la derrota inmerso en nihilismo, abofetea la burda solemnidad; bálsamo de punk art existencial sobre la cicatriz queloide que es nuestra ciudad. Lolita, fiera melancólica. Dadito: ser superior, perrito mágico de esponjosa mirada inolvidable, la justa liberación animal que no es postura estética, es pacto de camaradas. Arte comestible/vegano en sus tortas, papas, bolis y galletas, sabor que destruye la propiedad privada, cocina anarquista: trinchera creativa. Las ollas comunales alimentaron clanes tras el sismo del 85, la veganiza, presente en tocadas punk a finales de los 80, 90, hasta bien entrados los 2 miles, lo narraré pronto. La telera recibe al Jamón Magnético, Pepperoni Sideral, Salchicha Supersónica, Chorizo Eléctrico y Cubana Subatómica, tortas hechas de plantas, frutos, semillas, leguminosas, cereales, pura proteína power, aquí nadie mastica opresión. Mataderos, psiquiátricos, celdas: misma cosa. El punk anarquista mexa nació entre la masacre de Tlatelolco. La juventud anarquista sabía que el Estado y sus instituciones caníbales se tragaban a sus hijos, a la esperanza. Masticar o no la opresión de la carne, tú eliges. Stay sick! 


  • Susana Iglesias
  • Escritora. Autora de la novela Señorita Vodka (Tusquets)
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