Cuando se habla de la primavera en Japón, seguramente todos recordarán el paisaje de los cerezos en plena floración, con sus flores de un rosa pálido. En Japón, el nuevo año escolar comienza en abril. Por eso, en la temporada en que los cerezos están florecidos, se celebran las ceremonias de entrada en las escuelas de todo el país. También recuerdo vagamente que, cuando asistí con mis padres a la ceremonia de ingreso a la escuela primaria, las flores de los cerezos plantados en el patio estaban en su plenitud. Sin embargo, hay que tener en cuenta que, en los últimos años, el florecimiento de los cerezos se ha adelantado debido al calentamiento global.
Cuando se habla de la primavera en México, viene a la mente el paisaje de las flores azul violeta de la jacaranda. Aunque hoy en día se pueden ver jacarandas por todo México, ¿sabías que, en realidad, fueron importadas de Brasil por un japonés? Su nombre era Tatsugoro Matsumoto, quien inmigró a México en 1896 y que llegó a ser un horticultor de gran éxito, hasta el punto de encargarse del diseño y mantenimiento de los jardines del Castillo de Chapultepec, en la Ciudad de México. Tatsugoro y su hijo, Sanshiro, consiguieron plantones de jacaranda de Brasil en la época de la Revolución Mexicana y los cultivaron en su propio jardín. Tras la revolución, propusieron al entonces presidente Obregón plantar jacarandas en las avenidas principales de la Ciudad de México. Se dice que este proyecto se materializó unos diez años más tarde, durante la presidencia de Ortiz Rubio y, con el tiempo, las jacarandas se extendieron por todo México. De hecho, el presidente Ortiz Rubio deseaba introducir el cerezo japonés en México como símbolo de la amistad entre ambos países, pero Tatsugoro Matsumoto le recomendó encarecidamente que, en lugar de cerezos, plantara jacarandas, ya que se adaptaban mejor al clima y al entorno de México. (Debora Van Hoewyk. “How the Jacaranda and blue Hanami came to Mexico – And the Japanese paisajista who made it happen”. The Eye Mexico).
La familia Matsumoto, que también administraba una floristería, entabló una estrecha relación con los sucesivos presidentes de México. En particular, su relación con el presidente López Mateos era casi familiar. De niño, López Mateos vivía cerca de la floristería Matsumoto. Era lo que se dice un “chico maldoso” y solía tirar piedras contra el invernadero que había junto a la calle, rompiendo los cristales con frecuencia. Un día, Tatsugoro salió corriendo del invernadero, agarró a López Mateos y le dio un coscorrón. Al recibir el golpe, López Mateos se dio cuenta por fin de que había cometido una falta. Se dice que López Mateos perdió a su padre en su infancia, por lo que nunca tuvo la experiencia de que un padre le regañara con severidad. Desde entonces, López Mateos comenzó a respetar a Tatsugoro como si fuera su abuelo y a Sanshiro, como si fuera su padre. López Mateos reflexionó tras llegar a la presidencia: “Si el señor Tatsugoro no me hubiera dado ese coscorrón, yo no sería lo que soy.” En 1962, el presidente López Mateos visitó Japón como el primer Jefe de Estado Mexicano en hacer una visita a ese país. En aquella ocasión, quienes se encargaron de recibir al presidente fueron Sanshiro Matsumoto y su familia. (Shozo Ogino, “Cinco Centurias a través Del Mar: Historia del intercambio Japón México”).
Si ven flores de jacaranda, me gustaría que recordaran lo siguiente: que fue un jardinero japonés quien difundió esta flor en México. Y me encantaría que reflexionaran sobre la historia de los lazos entre Japón y México.
Los japoneses que viven en México a veces llaman a la jacaranda “cerezo mexicano”. Además, como dato interesante, el himno de la Escuela Japonesa de Guanajuato incluye una estrofa que dice: “Cerezo mexicano, jacaranda, recordando nuestra patria, Japón, juntos seremos un puente”.