El costo del tráfico

Monterrey /
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Los datos ponen dimensión a los problemas que vivimos todos los días. Por eso vale la pena reconocer el trabajo del IMCO y Dat’s Why, que presentaron el estudio “Costo del tráfico 2026: la factura invisible de la congestión”. El análisis, realizado en 44 zonas metropolitanas, calcula cuánto tiempo perdemos y cuál es el valor económico de esas horas.

“Nos cuesta vida estar metidos en el transporte”, advirtió Valeria Moy, directora del IMCO. Y tiene razón. La congestión representa un costo de 203 mil 316 millones de pesos al año y cada persona pierde, en promedio, 111 horas: casi cinco días completos. No es un gasto directo, sino el valor del tiempo que dejamos de dedicar al trabajo, al descanso o a la familia.

Pero el tráfico no nos cuesta a todos lo mismo. Quienes utilizan transporte público pierden 140 horas al año, frente a 94 de quienes viajan en vehículo privado. La desigualdad también se mide en tiempo: quienes dependen de un servicio deficiente enfrentan trayectos más largos y menos opciones. Y cuando pueden, muchos buscan comprar un auto o una motocicleta. Es comprensible, pero sin alternativas de transporte, esa decisión agrava la congestión.

Cinco zonas metropolitanas concentran 65% del costo: Ciudad de México, Monterrey, Guadalajara, Tijuana y Puebla-Tlaxcala. La capital representa 40%; Monterrey, 9.3%, y Guadalajara, 8.6%. Me muevo constantemente por trabajo en estas tres ciudades y sé cómo el tráfico desordena agendas, retrasa citas y altera planes. En definitiva nos resta calidad de vida, porque están totalmente rebasadas.

No hay una solución única. Hace falta planeación urbana de largo plazo, transporte público eficiente y políticas que prioricen el traslado de personas, no de automóviles. También se requiere coordinación entre gobiernos y continuidad más allá de los periodos electorales.

No podemos seguir construyendo ciudades para los siguientes tres o seis años. Necesitamos visión, planeación y decisiones que trasciendan los gobiernos. La movilidad no es un lujo ni un asunto de comodidad: es una condición indispensable para la competitividad, la igualdad y la calidad de vida. Seguir postergando el problema también es una decisión, y nos está costando demasiado. 


  • Valeria Guerra
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