La ciudad que nos habita

Monterrey /
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Está la familia, los amigos, tu comunidad donde trabajas o te desenvuelves y tu ciudad. Cada una de ellas nos da identidad, seguridad, historia y posibilidades para tener una mejor vida. Hay días en los que pienso en Monterrey y sus retos, y parece que nos hemos acostumbrado a la ciudad que tenemos. Nos quejamos del tráfico, banquetas, basura, falta de árboles, transporte o inseguridad, y seguimos adelante. Como si todo eso fuera simplemente parte de nuestra vida y poco tuviéramos que hacer.

Pero la ciudad en la que vivimos importa mucho más de lo que pensamos. Las ciudades no solamente se habitan; también nos habitan. Nos enseñan, nos condicionan, nos facilitan o nos complican la vida. Influyen en nuestros hábitos, salud y estado de ánimo, por eso a unas ciudades las queremos más que a otras.

Si una persona que pasa tres horas diarias en el tráfico no solamente tiene un problema de movilidad. Tiene tres horas menos para dormir, hacer ejercicio, leer, convivir con sus hijos o simplemente descansar. Por eso una ciudad deja de ser solamente edificios, calles y avenidas. Se convierte en una parte de nuestra experiencia personal.

Hay ciudades que parecen decirles a sus habitantes: camina, sal, convive, utiliza los espacios públicos. No nos tenemos que ir tan lejos, CdMx es una de ellas, a diferencia de Monterrey. Han convertido históricamente los espacios públicos en lugares prioritarios en la ciudad, donde se fortalecen los encuentros entre vecinos, donde podemos tener mejor calidad de vida.

Quizá uno de nuestros grandes problemas en Monterrey es que nos hemos acostumbrado a lo que tenemos. Nos hemos acostumbrado a ciudades que nos exigen demasiado tiempo, paciencia y tolerancia. Nos hemos acostumbrado a vivir mal. Y dejamos de preguntarnos si podrían ser diferentes.

Si las ciudades nos habitan, yo las pienso como una persona que me cuida y que tengo que cuidar, y para eso tengo que ser yo mejor ciudadano. Porque una ciudad puede tener grandes inversiones, avenidas y, aun así, no ofrecer una buena vida a quienes la habitan. Al final, una ciudad habla de nosotros. Habla de nuestras prioridades, de lo que exigimos, de lo que toleramos y de lo que estamos dispuestos a cambiar.


  • Valeria Guerra
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