Vengo llegando de Canadá. Conocí el Parque Nacional de Banff en Alberta y lo único que pienso al recorrer los parajes, caminos en el bosque y paseos en bici es: ¿Por qué no hacemos esto en México? Conozco casi todos los estados de nuestro país, sé de sus bellezas naturales y aunque existen proyectos muy profesionales y organizados, de manera institucional no existe la infraestructura turística que pudiéramos tener.
No me refiero sólo a las playas, que esas siempre han atraído al mundo entero, aunque hoy están en momentos críticos. El sargazo en el Caribe mexicano y la inseguridad en lugares como Tulum han hecho que el turismo en esa zona baje a cifras de 40 por ciento de ocupación hotelera. Da impotencia que lugares únicos por su riqueza natural, historia y clima estén sin rumbo, ni orden. Tuvo que ir la Presidenta este viernes a Quintana Roo, ante tanta queja de empresarios hoteleros, para dar un mensaje de cambios aún “menores” para promover el turismo.
Pienso en Nueva York, que en los años 70 y 80 era una ciudad en decadencia. Las pandillas, la drogadicción y la criminalidad inundaban las calles. La ciudad estaba en bancarrota y la clase media huyó a los alrededores. Su renacer, parte gracias al arte y la cultura, fue también por el rescate financiero de la mano del gobierno y la política de “tolerancia cero” a la criminalidad. Esto nos muestra que ciudades en su peor momento tienen todo para renacer, pero con el apoyo de Gobierno y ciudadanos.
Banff recibe 4.5 millones de turistas al año, para disfrutar principalmente sólo sus montañas. San Miguel de Allende, considerada la mejor ciudad del mundo, 2 millones. Cancún recibe 6.5 millones, siendo el mayor destino en México, con playas, pirámides, deportes de aventura, etcétera. No necesariamente se pueden comparar unas con otras, pero ayuda ver la posibilidad de crecimiento.
El sector turístico aporta el 8.7% del PIB en México; en España es del 12% y Tailandia del 20%. México tiene mucho para crecer. Necesitamos retomar el orden, la seguridad, tolerancia cero y la protección a los destinos naturales, más una visión estratégica a largo plazo.