Las mujeres no quieren trabajar tanto”, “No quieren viajar”, eso me dijo un abogado en una sesión de trabajo.
“¿O sí?”, le pregunté.
Tan solo hacer esta pregunta en fuerte, hizo que quien mencionó esas frases como absolutas, se desconcertara. A veces solemos creer que nuestras ideas son verdad, pocas veces las cuestionamos y esto nos hace etiquetar a una persona o a un grupo de cierta manera. A esto nos referimos como los prejuicios y generalmente son inconscientes. Tantos años de escucharlos, que los creemos ciertos.
Existen muchos prejuicios inconscientes sobre las mujeres: “Son muy sensibles”, “No quieren crecer en el trabajo”, “Solo se quieren dedicar a la maternidad” … y la lista sigue.
¿Pueden ser ciertas algunas de estas afirmaciones en casos individuales? Claro.
¿Son ciertas como regla general? No necesariamente. En el ambiente laboral solemos cuestionar más a la mujer e inferir sin cuestionar.
Por eso es tan importante si queremos sumar al avance de la mujer, basarnos en data, data dura que nos diga dónde están los retos, avances y oportunidades. Sí, es verdad que hemos avanzado. Tan solo en NL, el 51% de los estudiantes de universidad son mujeres, cifra parecida a nivel mundial. Sin embargo, esas cifras alentadoras en la etapa universitaria se van disminuyendo conforme la mujer entra al mundo laboral.
Solo el 46% de las mujeres en edad de trabajar están activas en el mercado laboral y por cada 100 pesos que gana un hombre, la mujer recibe 81 pesos (Inegi, IMCO). México ocupa el lugar 119 de 146 países en cuanto al Índice Global de Brecha de Género. Aún tenemos un largo camino por recorrer para que las mujeres tengan las mismas oportunidades.
Quiero cerrar con una pregunta: ¿Qué puedo hacer yo? Y como dice la autora Brenee Brown: no es cuestionar qué prejuicios inconscientes tengo, sino a qué profundidad. Empezaría por observar si yo he sido una aliada o estorbo para otras mujeres y su crecimiento, si las he etiquetado o no he dado las mismas oportunidades que a un hombre, si la veo igual de capaz que a los demás. ¿Sí soy yo el que tengo que cuestionarme qué creencias tengo sobre las mujeres?