A dos semanas del centenario de la SEP (I)

  • De neblinas y Don Goyo
  • Víctor Bacre Parra

Ciudad de México /

Estamos a 18 días de que se cumpla el primer centenario de la creación de la Secretaría de Educación Pública (SEP) en la República Mexicana: “El 25 de julio de 1921, el presidente Álvaro Obregón decretó la creación de la Secretaría de Educación Pública, medida que fue aprobada por unanimidad en la Cámara de Diputados. Posteriormente, el 3 de octubre del mismo año fue publicada en el Diario Oficial de la Federación (DOF). “El antecedente inmediato se dio en octubre de 1920, cuando José Vasconcelos presentó ante la misma Cámara una iniciativa para establecer ‘una dependencia federal cuyas funciones civilizadoras, llegaran no solo a una porción privilegiada del territorio, no sólo al Distrito Federal sino también a toda la República, necesitada, de un extremo a otro, de la acción del poder público y de la luz de las ideas modernas’. Su propósito fundamental era ‘salvar a los niños, educar a los jóvenes, redimir a los indios, ilustrar a todos y difundir una cultura generosa y enaltecedora, ya no de una casta, sino de todos los hombres’”. (Archivo de la SEP/UNAM).

Pero, ¿quién fue Álvaro Obregón? Nació en Siquisiva, Sonora. El 19 de febrero de 1880 y fue asesinado el 17 de julio de 1928 en San Ángel, Ciudad de México. Señala el Instituto Sonorense de Cultura: “Al verificarse las elecciones de Poderes Federales resultó triunfador el general Obregón, que se hizo cargo de la Presidencia en noviembre de 1920(…) la tarea nacionalista más importante consistiría en fortalecer la idea de pertenencia a una nación como estrategia para consolidar una nueva identidad cultural, para lo cual la educación sería el instrumento ideal. Además, por medio de la educación se fomentaría una conciencia de origen histórico y racial.

En 1921 se creó la Secretaría de Educación Pública, con José Vasconcelos como su primer titular, lo cual significó un proyecto político más que un proyecto cultural (…) En 1924, Obregón finalizó su mandato y se retiró a Sonora hasta 1927 cuando el mismo Plutarco Elías y el Congreso modificaron la constitución para permitir la reelección.

(…) Álvaro Obregón aceptó y se presentó a las elecciones del 1 de julio de 1928 en las que ganó, pero no llegó a consolidar su posición y nombramiento como jefe de estado, pues mientras comía en el restaurante La Bombilla en San Ángel, José de León Toral, un fanático católico lo asesinó el 17 de julio de 1928. Se le atribuye también gran parte del mérito de haber acabado con la violencia posrevolucionaria y caudillista que azotaba la vida de México. Destacó como un muy hábil estratega en las batallas y como presidente, se mostró inteligente y vivaz, intentando llevar a cabo las conquistas sociales que buscaba la Revolución y también se avanzó en materia de política exterior. Álvaro Obregón, vivió así para ser congruente con la frase que proclamaba:

‘¿Con qué derechos reclamaremos para nuestros hijos el título de ciudadanos si no somos dignos de serlo?’”. (Instituto Sonorense de Cultura).


Víctor Bacre

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