A Miguel Álvarez Gándara, Premio Nacional de Derechos Humanos
Este próximo 18 de febrero de 2018, se cumplirán 33 años del fallecimiento de Francisco Martínez de la Vega, uno de los mejores periodistas mexicanos, político, analista, escritor y funcionario público nacido en San Luis Potosí, con su deceso en la ciudad de México (estudió bachillerato en la UNAM y fue autodidacta).
Se formó en “El Nacional”. Escribió en las revistas “Hoy” y en “Siempre” junto a otro gran periodista también mexicano, José Pagés Llergo. Escribió en “El Día” y dirigió la revista “Solidaridad”. Colaboró en “La Jornada”. Y en el semanario “Punto”. Fue diputado federal por su estado. Secretario particular (sólo 6 meses de Gonzalo N. Santos) y, más adelante gobernador de la misma entidad potosina.
El estado de San Luis Potosí adquirió su relevancia desde la época colonial, como un enclave minero, comercial, cultural y educativo preñado de contradicciones entre sectores conservadores y liberales. Su pertenencia y origen con los Pueblos Originarios de su zona (Huastecos, Otomies, Pames y Chichimecas); más sus bellezas naturales (Parque surrealista de Edward James-Xilitla), gastronomía, desarrollo arquitectónico y monumentos religiosos, aunados a su trascendencia histórica, nos sigue dando ejemplo de mucha valía para aprender.
Rodeado de 10 estados, San Luis Potosí ha sido uno de los corazones del centro de nuestra República. Sus luchas y presencia histórica en la conformación actual de nuestro país y de su vida democrática (así como la génesis y padecimiento de uno de los cacicazgos más cruentos, burdos, surrealistas y deplorables como lo fue el de Gonzalo N. Santos), nos aportan elementos, gestas y conceptos a conocer, valorar y aceptar o rechazar -según sea el caso-, como el de los “Precursores Intelectuales de la Revolución” que nos aportó James Cockcroft haciendo alusión a los Flores Magón, Camilo Arriaga, Francisco I. Madero, Juan Sarabia, Díaz de Soto y Gama y Librado Rivera. Quienes aprovecharon la estructura social, las proclamas los clubes antirreleccionistas, manifiestos, programa y el Plan que San Luis Potosí obsequiaron como antecedentes a la Revolución Mexicana de 1910.
Señala, Granados Chapa: “Don Francisco no fue nunca un puritano. No lo asustaba ni le producía asco la naturaleza humana, aún en sus expresiones más degradadas. Por eso, no tuvo empacho en vincularse con Santos, ya que a su lado tuvo oportunidad de recibir infinitas lecciones de política activa. Pero como también tenía muy acusado sentido de la dignidad, fue corta su estancia en el gobierno potosino en esa primera ocasión” (Granados, Ch.M.A. CREA, 1985).
Por su parte, Elías Chávez nos refiere la entrevista que, hoy, más que nunca guarda vigencia: “Francisco Martínez de la Vega” PRI: la burocratización política como ideología(…)Sin ideología desde hace mucho tiempo, el PRI —“ni va a la izquierda, ni a la derecha, ni se empeña en caminar por el centro”— padece una debilidad profunda: burocratización política” (…)Entre risas y carcajadas, Francisco Martínez de la Vega habla de esa nave al garete, a la que por lo pronto le han fijado un puerto: la IX asamblea nacional, que se efectuará en agosto. Y mientras algunos políticos considerados “institucionales”, como Carlos Sansores Pérez —presidente del PRI— y Rodolfo González Guevara —líder de la diputación priísta— señalan la necesidad de “modernizar” el partido oficial y de “radicalizar” su ideología, el ex diputado federal y ex gobernador de San Luis Potosí se hace una pregunta: —¿Acaso eso es todo lo que se tiene que transformar en el PRI? Martínez de la Vega —uno de los críticos políticos más respetados con que cuenta el país— reconoce que ciertamente la ideología del PRI no ha sufrido grandes transformaciones. Explica: —En realidad, la llamada ideología que proclama el PRI se ha convertido en burocratización política. Esta es, desde hace algunos lustros, la debilidad profunda del PRI y, a la vez, su dependencia umbilical del gobierno. El PRI hace mucho tiempo que no tiene ideología: todo depende del rumbo que de un día a otro señale el gobernante en turno. —El planteamiento es elemental —indica Martínez de la Vega, para inmediatamente preguntar:
—¿Es el mismo PRI el de Lázaro Cárdenas que el de Miguel Alemán? Por eso yo no me explico cuál es la lealtad de que tan orgullosos están los viejos priístas ¿Lealtad a qué principio? ¿Acaso se puede ser permanentemente leal al PRI del expropiador del petróleo que al PRI de Miguel Alemán? Si es que se puede, francamente no entiendo qué pueda ser lealtad.
Sin embargo, Martínez de la Vega sí entiende cuál es la lealtad de los viejos —y algunos no muy viejos— priístas:
—No se trata de lealtad a una ideología. Es lealtad a un edificio, a un hombre, a un gobierno cualquiera que sea. Por eso cada día es más difícil separar al PRI del gobierno
Y luego de señalar que es precisamente por su dependencia del gobierno por lo que el PRI se ha burocratizado y ha seguido las desviaciones impuestas por los gobernantes, Francisco condensa en breves frases los bandazos dados por el partido oficial:
—Con Cárdenas el PRI fue muy “rojillo”.
—Con Ávila Camacho fue de “unidad nacional”.
—Con Alemán fue “hamiltoniano” —y el “hamiltoniano” lo pronuncia entremezclado con un “ji, ji, ji,” suavemente burlón.
—Con don Adolfo Ruiz Cortines el PRI jugaba al cierre a blancas en todos los problemas políticos —y ahora termina la frase con un alegre “je, je, je”.
—Con López Mateos fue juvenil, alegre.
—Con Gustavo Díaz Ordaz, desgraciadamente, el PRI tuvo un octubre siniestro.
—Y con Luis Echeverría fue de una demencia ¡festiva! —y ahora la risa suave y alegre de Francisco se convierte en sonoro “ja, ja, ja”.
Antisolemne, Francisco es el que hace las preguntas:
—Entonces, esos priístas que son leales a todos esos partidos oficiales ¿son leales a qué?
Y el mismo Francisco se contesta:
— Son leales al gobierno, no a una idea política(…)nuestro partido no se fundó para conquistar el poder: nació del poder y su función permanente y su objetivo no ha sido más que conservar el poder, sin compromiso ideológico y sin compromiso político”. (Elías Chávez, enero de 1978. “Proceso”).