Se acabó la Copa del Mundo. Por los méritos mostrados en la cancha, España fue la ganadora del torneo celebrado en México, Canadá y mayormente Estados Unidos. Historias de jugadores, naciones, hasta mascotas y pueblos enteros saliendo a las calles y reunirse en familia para ver los partidos, abarrotaron las noticias en casi 40 días.
La experiencia para aficionados que en nuestro país tuvieron la oportunidad de ver alguno de los partidos fue única, en tanto extranjeros decidieron venir a conocer el ambiente en las tres sedes, contrastante con la frialdad de las otras naciones que albergaron el calendario.
Y a tres días de la final en Metlife Stadium de Nueva York, el mundo dirige sus miradas hacia Argentina. Por encima de su representativo envuelto en controversias arbitrales y de federativos investigados por el FBI, el comportamiento de sus recalcitrantes hinchas, en el triunfo o la derrota, trajo una reacción global.
Mientras el equipo cuya estrella era Lionel Messi más avanzaba, en las gradas de los estadios sus seguidores se burlaban de los contrarios por su aspecto físico o su nacionalidad. Muchos videos constatan el comportamiento todavía más indigno cuando perdieron, con agresiones verbales y físicas en algunas partes del planeta.
En aquel país se abordó el asunto con preocupación. Contadas voces cuerdas hicieron la autocrítica y aclaración: esos aficionados no representan a los 46 millones que sufren por malos gobiernos, crisis económicas y una polarización interna.
Otros señalan de una agenda que con puño de hierro cae sobre ellos, una narrativa de odio que no es algo nuevo, como tampoco es particular de un pueblo.
Aun y con la unión provocada por el equipo mexicano que por cinco partidos nos hizo olvidar de nuestros problemas y diferencias, en este territorio su gente pasa por la misma tendencia.
Ricos y clasemedieros denostando a pobres o viceversa por su propio estatus, combinándose con la ideología política. La plataforma X (antes Twitter) es un ejemplo claro del pleito entre fifís y chairos; peligrosamente empieza a asomarse Facebook y Tiktok.
¿Qué puede cambiar este entorno global? El tema es complejo porque todos creen tener la razón, nadie asume responsabilidades o, si las hay, se las endosan a terceros.
Lo cierto, la pasión vista en este Mundial nos mostró que todas las facetas, buenas o malas, es una bomba que solo necesita un click para explotar. No por ello hay que romantizar estas actitudes, sin embargo, encontrar coincidencias en las diferencias es un reto, o al menos un poco de sensatez.