El problema real al que se enfrentan todos los partidos políticos en esta nueva campaña para la renovación o reelección de puestos en el Congreso de Tamaulipas está en el combatir el desinterés de la ciudadanía en general por ir a las casillas el próximo domingo 2 de junio.
Apenas entrando en el ritmo tanto del nuevo gobierno federal como de los ayuntamientos, entre situaciones que tratan de resolver, la población busca adaptarse a estos nuevos tiempos donde las decisiones a nivel federal bajan a los municipios y la mayoría se va reponiendo de la resaca de 2018, cuando en menos de un mes viene otra campaña.
Y ese desinterés ya expuesto no pasa porque haya austeridad en cuanto a la promoción de los aspirantes, por la forma en cómo eligieron la lista de postulados, por el pleito interno de quienes se sintieron relegados o la disputa para ver quién va primero en la plurinominal, sino en el trabajo legislativo actual.
Tan difícil es hacer un balance de la actuación de los 36 diputados locales que a casi tres años de cumplir con su función, el tono gris les queda perfecto para su labor. Sin iniciativas contundentes, sin liderazgos en las bancadas, sin un aporte relevante para las necesidades de más de 3 millones y medio de personas.
Sencillo, la oposición no existe. El PRI y su líder Alejandro Etienne, que tiene la segunda bancada más numerosa por debajo de la mayoría panista que encabeza Glafiro Salinas, intenta ser contrapeso, pero sin fuerza. De ahí, los demás son expectantes, incluyendo la morenista María de la Luz del Castillo.
Le agregamos la nula capacidad de atender las inquietudes y solicitudes que de palabra o en documento les entregan habitantes de sus respectivos distritos. Caso en la zona sur, tampiqueños y maderenses jamás vieron a Marychuy Gurrola, Carmen Tuñón y Joaquín Hernández Correa, salvó en eventos oficiales donde acudía el gobernador.
Esa imagen de la LXII Legislatura, que termina siendo un lastre, es el reto de los candidatos por mayoría relativa y de representación proporcional. Si bien pinta para una competencia cerrada donde prevalecerán las estructuras, la meta es cómo cambiarle esa perspectiva al ciudadano común y corriente, cuyo voto será la diferencia. _