La “engorda” de terrenos

Tamaulipas /

Las autoridades municipales, si bien reciben participaciones federales, saben que en la mayoría de los casos el recurso nunca será suficiente para sostener la operación cotidiana de la administración.

Por eso, más allá de discursos, se ven obligadas a buscar mayores ingresos propios.

Así, los ayuntamientos obtienen recursos a través del cobro de impuestos, derechos, servicios y otros conceptos que, sumados, representan un ingreso adicional indispensable para mantener funcionando a la ciudad: alumbrado, recolección de basura, vialidades y seguridad vial.

Hasta ahí, nada nuevo.

El problema aparece cuando el suelo urbano deja de ser parte de la solución y se convierte en parte del vacío fiscal.

Ahí entra un término tan común como incómodo: terrenos en engorda.

El uso de la expresión es más frecuente de lo que parece, sobre todo en el lenguaje no escrito del sector inmobiliario.

Es una frase coloquial -casi cínica- para describir predios que no se desarrollan, no se habitan y no producen ciudad, pero que se retienen estratégicamente mientras el entorno hace el trabajo.

Llega la vialidad, el fraccionamiento vecino, el centro comercial, el hospital, la expansión urbana.

La plusvalía.

El terreno no produce… espera.

Sus propietarios no invierten en infraestructura ni generan actividad económica relevante. Lo dejan “descansar”, como ganado antes del mercado.

Su valor no crece por mérito propio, sino por decisiones públicas: obra gubernamental, cambios de uso de suelo, ampliación de servicios.

Por eso el término es tan revelador.

No habla de planeación, habla de especulación.

No habla de ciudad, habla de paciencia financiera.

No habla de vivienda, habla de expectativa.

Entre arquitectos y urbanistas se usa con ironía; entre inversionistas, con orgullo silencioso.

Porque todos saben que mientras el terreno “engorda”, la ciudad paga: servicios más caros, crecimiento desordenado, periferias abandonadas y municipios que dejan de recaudar lo que podrían.

La próxima vez que circule por avenidas y calles transitadas de la zona sur y vea predios baldíos, piense no solo en el espacio vacío, sino en los ingresos que dejan de percibir las autoridades mientras esos terrenos siguen engordando.

El suelo espera.

La ciudad no puede darse ese lujo.


  • Víctor Hugo Martínez

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