La política detrás del laudo en Ciudad Madero

Tamaulipas /

La forma y el fondo de lo ocurrido en la pasada sesión de Cabildo de Ciudad Madero confirman que, en política, los números rara vez caminan solos.

Detrás del rechazo al esquema de pago de un laudo laboral por más de 52 millones de pesos no solo está una obligación legal heredada de administraciones anteriores, sino una coreografía de intereses -esos que en sesiones de Cabildo siempre se autodefinen como “ciudadanos”- que se activan cuando el costo político entra en escena.

De pronto, la oposición recordó que es oposición.

Regidores que durante meses transitaron sin sobresaltos descubrieron, en una sola sesión, la bandera de la inconformidad y el discurso de la defensa de las finanzas públicas.

No es un pecado ejercerla, pero sí resulta llamativo que la firmeza emerja justo cuando el tema es impopular y el desgaste inevitable. En la política mexicana, la memoria suele ser selectiva y el valor aparece, casi siempre, cuando hay reflectores.

El laudo, hay que decirlo sin rodeos, no es opcional. Es una resolución judicial que tarde o temprano tendrá que cumplirse. Negarlo no lo desaparece.

Al contrario: abre la puerta a escenarios de mayor riesgo, como embargos o afectaciones directas a las finanzas municipales, esas mismas que hoy se dicen proteger. La paradoja es evidente: frenar el pago puede resultar más costoso que asumirlo.

En este tablero también destaca la postura del dirigente del SUTSHA, Azael Portillo, quien no es ajeno a la vida política del municipio. Fue regidor en la administración pasada, cuando el laudo ya existía y el silencio fue la constante.

La pregunta flota en el ambiente, incómoda pero necesaria: ¿por qué antes no y ahora sí? En política, los tiempos nunca son inocentes.

Frente a este escenario, el alcalde Erasmo González Robledo ha optado por una ruta de conciliación, con reuniones y llamados al diálogo con el sindicato.

Es una postura institucionalmente correcta, aunque insuficiente si no se traduce en una salida clara y responsable a un problema que no se resolverá con discursos ni votaciones simbólicas.

Lo ocurrido revela algo más profundo: en momentos de crisis, surgen héroes espontáneos y villanos instantáneos, según convenga al relato. Pero el laudo no entiende de narrativas, entiende de leyes.

Y mientras el Cabildo ensaya pasos y posiciones, el reloj jurídico sigue corriendo.

Porque en Ciudad Madero no se discute solo un pago millonario. Se discute quién asume el costo político de una herencia incómoda.


  • Víctor Hugo Martínez

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