Tampico vive días extraños. Por un lado, la ciudad sigue su ritmo: tráfico, días fríos y de lluvia, pendientes, cuentas por pagar.
Por otro, la vida insiste en recordarnos que también existen los gestos mínimos que cambian nuestro mundo.
No los grandes discursos. No los anuncios rimbombantes. Los gestos pequeños. Los silenciosos. Los que no piden aplauso.
Este domingo, mientras muchos se preparan para pasar horas frente a una pantalla viendo el Super Bowl, el gobierno municipal de Tampico lanza una invitación distinta: una campaña de adopción de perros y gatos en la Laguna del Carpintero a partir de las cuatro de la tarde.
Parece un evento menor. Una actividad “bonita”. Un anuncio más en redes sociales.
Pero no lo es.
Adoptar un animal no es un acto sentimental de moda. Es una decisión social. Es una forma de responsabilidad que empieza en casa y termina en comunidad.
Porque cuando una familia adopta, no solo rescata a un perro o a un gato: rescata una historia rota, una vida abandonada, un ser que aprendió a sobrevivir sin pedir demasiado.
Y al mismo tiempo, adopta algo más profundo: una rutina, una obligación diaria, una presencia. Un vínculo.
En muchos hogares, estos animales se convierten en compañía para niños que aprenden lo que significa cuidar a otro. Para adultos que llegan cansados y encuentran una alegría simple. Para adultos mayores que, sin decirlo, necesitan una razón para seguir caminando cada mañana.
No es exageración: hay salud emocional en una mascota. Hay alivio. Hay equilibrio. Hay una ternura que no se compra y que no se improvisa.
Por eso estas campañas importan. Porque en una sociedad en donde la violencia y el abandono se han vuelto paisaje, también es necesario hablar de empatía, de convivencia, de humanidad.
No todo debe ser crítica. No todo debe ser denuncia. A veces también se debe reconocer cuando una ciudad y sus autoridades intentan ser mejor, aunque sea con un gesto que no llena estadios, pero sí puede llenar hogares de amor y cariño.
Tampico, entre perros y gatos, nos recuerda algo elemental: el domingo no solo se gana con touchdowns y quedándose en casa.
También se gana cuando alguien decide mirar a un animal sin dueño y decirle, por fin: aquí estás a salvo.