Frente a la reforma electoral en puerta, un aspecto que ha tomado relevancia en los últimos días es la permanencia o desaparición de los legisladores plurinominales.
Quienes los defienden argumentan que los pluris permiten que más voces sean representadas en las cámaras y que ello coadyuva a la pluralidad del poder legislativo, en cambio, quienes buscan su desaparición argumentan que su existencia eleva el costo de las cámaras y que esta figura permite que personajes poco populares pasen años cobrando como congresistas.
Ambos puntos de vista son válidos, pero lo que en estos momentos guía la discusión son los intereses partidistas, que debemos dejar a un lado en la discusión.
Para no entrar en situaciones partidistas utilicemos un ejemplo externo, Reino Unido, país democrático y con un sistema electoral sólido, pero no por ello plural.
En las elecciones del 2024 el Partido Laborista, hoy en el poder, recibió el 34% de los votos, pero ganó el 63% de los escaños, es decir casi 30 puntos de sobrerrepresentación; los Conservadores con el 23% de los votos, lograron solo el 18% de los escaños, una subrepresentación de 5 puntos; los Liberales quedaron muy parejos, 11% de los escaños con el 12% de los votos; pero el problema viene con el Partido Reformista que logró el 14% de los votos, pero menos del 1% de los escaños, algo similar pasó con el Partido Verde que con el 6% de los votos, que también tiene menos del 1% de los escaños, es decir, hay un 20% del electorado que expresó su voluntad, pero sólo tendrán la voz equivalente al 1.5% de la Cámara de los Comunes en Reino Unido.
Apostar a un sistema mayoritario, implica dejar a una parte relevante de la ciudadanía sin voz en las cámaras, y no se puede argumentar que no la ganaron en las urnas, porque muchos electores los votaron.
Por tanto, tenemos que pensar con visión de futuro, porque quienes hoy son mayoría, mañana pueden ser minoría y tampoco les va a gustar ser excluidos.
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