Estados Unidos es un país intervencionista, lo ha sido desde su fundación y no le preocupa mucho recibir esa etiqueta, en cambio, al Gobierno de México le debería preocupar la idea que se está generando de forma acelerada de que se trata de un narco gobierno, es decir, que políticos ligados al partido en el poder han protegido al crimen organizado y que ante las acusaciones de Estados Unidos, el Gobierno Federal prefiere defender a los gobernadores aludidos, que limpiar la casa y entregarlos al país vecino.
Dicho de otra forma, está asumiendo un gran costo político al defender a políticos que tienen una alta probabilidad de haber colaborado con el narco, lo que no sólo impacta su imagen actual sino el legado histórico que quedará para la posteridad.
Al final Estados Unidos tiene una estrategia, en la que lamentablemente ha caído el Gobierno de México y se trata de desgaste lento, que, en lugar de hacer una acusación masiva y simultánea contra políticos, la va dosificando para que el impacto sea prolongado e incremental, además de sumar a muchas personas a su acusación para maximizar las noticias negativas.
Pero lo que más preocupa al Gobierno de México es el impacto electoral que esto pudiera tener, por ello presentaron y aprobaron una reforma en donde se pueden declarar nulas las elecciones cuando haya injerencia extranjera, porque ven que en algunos estados están bajando los adeptos de MORENA por los escándalos de protección de políticos presuntamente ligados con el narco.
Y como en 2027 vienen elecciones en 17 gubernaturas, el riesgo es latente, ya que, si bien van arriba en la mayoría de los sondeos en gran parte de los estados, en algunos casos como Sinaloa o Michoacán la brecha se está cerrando de forma peligrosa, al grado que hay un riesgo real de que pierdan esas entidades, sobre todo porque las noticias que salen siguen reforzando la tendencia a la baja del partido en el poder.
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