En política rara vez hay casualidades, y este viernes vimos cómo se llevó a cabo la visita de Markwayne Mullin, Secretario de Seguridad Nacional de los Estados Unidos a Palacio Nacional, en donde dialogó con la Presidenta Claudia Sheinbaum y un día después, la Fiscalía General de la República llamó a declarar a Rubén Rocha Moya y a otros 7 funcionarios de Sinaloa señalados por Estados Unidos de tener nexos con los Chapitos, pero también llamó a Maru Campos, para que respondiera por la participación de agentes de la CIA en operativos contra el narco en Chihuahua.
Dicho de otra forma, la FGR había operado con suma lentitud durante semanas, pero nos visita el Secretario de Seguridad Nacional de Estados Unidos y hace en un sábado, lo que no pudo hacer en semanas, llamar a los implicados a declarar.
Y casualmente hace las citaciones de Rocha y de Campos el mismo día, para evitar que se diga que no se actúa parejo en ambos casos.
Pero tampoco es seguro que hayan llegado a un acuerdo con Estados Unidos, es decir, el que actúen puede ser una estrategia para seguir ganando tiempo, en donde una posible hipótesis es que Mullin reclamó a la Presidenta la falta de acción y para fingir que están tomando cartas en el asunto, llamaron a declarar a los implicados, pero no quiere decir que más adelante los vayan a entregar.
Por tanto, podríamos estar frente a un enésimo proceso de simulación, como muchos que hemos visto en el pasado, en donde los políticos pueden hacer tropelías y aun así salir sin mayores consecuencias de las mismas.
El problema es que mientras esto pasa se va generando la imagen de un gobierno que encubre al narco, que lo hace a pesar de haber prometido que sería diferente y que no protegería a los corruptos.
De manera que no solo están atentando contra el interés del país, sino también en contra de su propio legado, porque como avanzan las cosas suena difícil que Claudia Sheinbaum logre borrar la imagen de protectora de políticos ligados al narco.
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