El 'huachicol' y su modelo de negocio

Monterrey /

El huachicol dejó de ser hace tiempo aquella imagen rural de una toma clandestina escondida entre matorrales y custodiada por halcones improvisados.

Hoy el robo de combustible viste traje, opera desde escritorios en oficinas con aire acondicionado, utiliza facturas apócrifas, empresas fantasma y hasta rutas marítimas internacionales.

En realidad, el crimen evolucionó más rápido que el Estado y convirtió al llamado huachicol fiscal en uno de los mayores desafíos para la seguridad y las finanzas nacionales.

El caso del buque Challenge Procyon, asegurado hace más de un año, exhibió una realidad incómoda: el saqueo energético no podría funcionar sin la complicidad de funcionarios, mandos aduanales y operadores institucionales.

Ya no se trata únicamente de perforar ductos; ahora se manipulan importaciones, se alteran documentos y se construyen redes financieras capaces de mover millones de litros de combustible sin despertar sospecha, o peor aún, con la protección de quienes deberían impedirlo.

Ahí radica el verdadero tamaño del problema. El combustible robado no circula sólo por carreteras clandestinas, sino también por oficinas gubernamentales contaminadas por corrupción.

Cada litro ilegal representa dinero perdido para el país, competencia desleal para empresarios honestos y una estructura criminal que se fortalece con recursos casi inagotables.

Los decomisos históricos y las nuevas tecnologías de rastreo, como códigos QR y sistemas de trazabilidad, son pasos necesarios, pero insuficientes si no existen consecuencias judiciales visibles para quienes facilitan el negocio desde dentro del aparato público.

Porque en México ya conocemos esa historia: grandes operativos, toneladas aseguradas, fotografías de pipas decomisadas y conferencias espectaculares, mientras las redes financieras permanecen intactas y nuevos grupos ocupan rápidamente el espacio de los anteriores.

El problema no se resolverá únicamente con presencia militar o cateos; requiere inteligencia financiera, auditorías permanentes y una depuración institucional auténtica.

Descubrir el tamaño del problema es un buen paso, atacar los efectos es otro; ir a las causas y aplicar dureza en la justicia, sería la diferencia.

Ojalá que así sea.


  • Víctor Martínez Lucio
  • Periodista, Director Editorial de Multimedios-Milenio en Monterrey. Conductor en Milenio Televisión, creador del Pulso, espacio de comentario político desde hace una década. Articulista en Milenio Diario y Conductor de Cambios cada domingo. Amo las cosas sencillas, la música y el arte, dar clases, ayudar a las personas, aprender todos los días, ser Rayado, ser líder y factor de cambio. La vida es de momentos y se acomoda sola.
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