Una vez más las calles de todas las ciudades se llenaron de miles de mujeres que elevaron la voz para exigir justicia, respeto a sus derechos y un trato correcto en pleno 2026, cuando ya no debería ser necesario ni mencionarlo.
Otra vez las consignas, las pintas, los disturbios y todo aquello que desvía la atención metió ruido a la cita de cada año. La realidad es que vamos a paso muy lento, pese a lo genuino de la causa que persiguen.
La realidad es que lejos de las calles, las soluciones dependen de otros actores políticos o de justicia. Así lo sostuvo el domingo la propia secretaria de las Mujeres en Nuevo León, Graciela Buchanan, cuando dijo que el sistema de acceso a la justicia es “deficiente y burocrático”.
Con todas sus letras explicó que los procesos son tortuosos para las víctimas y que detalles absurdos pueden tumbar casos.
Es verdad, porque el sistema falla debido a formalismos ridículos.
Buchanan expone un ejemplo revelador: si el dictamen médico se toma antes de la denuncia, un juez puede desechar el caso.
Aunque en la práctica nadie realiza un dictamen si no existe denuncia previa.
Es decir: un tecnicismo puede invalidar una agresión.
Como esta hay otras penosas realidades que se unen a la cultura machista y patriarcal histórica que persiste hasta nuestros tiempos.
La fiscal especializada en feminicidios, Griselda Núñez, también acepta que aunque han luchado desde hace años contra este lacerante fenómeno, la procuración de justicia sigue siendo una agenda pendiente.
Núñez advierte que dos áreas clave necesitan cambio de enfoque: la violencia familiar, que debe pasar de proteger a “la familia” a un modelo victimocéntrico, y la violencia sexual, que sigue profundamente normalizada en la sociedad.
No todo es malo, porque en los últimos años se han creado órganos institucionales importantes.
Entre ellos la Fiscalía Especializada en Feminicidios, el Centro de Justicia para las Mujeres, los planes de igualdad en servidores públicos.
Pero nada es suficiente cuando en el día a día hay burocracia y falta de empatía de muchas autoridades.
De poco sirve si hay casos como el de Valeria Macías, quien sufrió acecho y tuvo que esperar más de cinco años para ser escuchada. Tampoco si los políticos no se ponen de acuerdo con el Presupuesto y no toman conciencia de que sin dinero aún es más difícil enfrentar el problema.
De nada sirve si después de la marcha, muchas mujeres vuelven a dormir con el enemigo, esperando sobrevivir y no unirse a las cifras.