Una de las funciones de los partidos políticos es representar los intereses de sectores sociales, articularlos para darles sentido, llevarlos al gobierno para satisfacerlos. Las recientes declaraciones de Enrique Doger, candidato a gobernador del PRI en el proceso electoral de este año, llevan a pensar que muchos dirigentes y militantes partidarios, lejos de cumplir esta función, se representan a sí mismos. Actúan en función de sus propios intereses, no de los de la sociedad de la que viven y a la que supuestamente representan.
Dice Doger que algunos priistas, durante el pasado proceso electoral, apoyaron a Morena. Que otros han cobrado en el gobierno de Moreno Valle, con lo que se pervierte el mecanismo de competencia entre partidos para que la sociedad decida por el que considera más adecuado. Los políticos estarían así haciendo su propio juego, realizando sus inversiones políticas para después cobrar sus ganancias.
El PRI cayó en este año a niveles tan bajos como nunca en su historia, en las elecciones nacionales y en las de Puebla. La mayor parte de los votos que perdió (había sido primera fuerza hasta 2015) son de ciudadanos que rechazan a este partido y a sus gobiernos. Pero puede haber algo del voto clientelar priista que haya apoyado a Morena, resultado de un acuerdo de élites políticas, lo más probable es que solo beneficie a esas élites.
Lo vimos desde antes de la campaña de 2018. Los gobiernos panistas en Puebla no tuvieron oposición. Ningún partido, salvo algunas excepciones individuales, cumplió con el importante papel de poner límites y corregir las acciones del Poder Ejecutivo. Hubo una sumisión generalizada, sobre todo en el congreso del estado, pero tampoco en la formación de opinión pública, donde los partidos tienen una importante función.
Los gobiernos de coalición, sobre todo cuando no se basan en argumentos y en una agenda clara, tienen este riesgo: que se trate más de una especie de “reparto del botín” entre políticos que de un proyecto para el beneficio de la sociedad.
Ante los signos de nuestros tiempos, concretamente ante el hecho de que llegan al poder políticos cuestionables, populistas y autoritarios de distintos signos (como podría ser el caso de Brasil, si Jair Bolsonaro, ganador de la primera vuelta, llega a la presidencia de ese país), la defensa de la sociedad son las instituciones. Parte fundamental de las instituciones democráticas han sido los partidos políticos, con todas sus limitaciones y contradicciones.
Su capacidad para recuperar los intereses de la sociedad, para representarlos, para ejercer la función de oposición, en su caso, cuando esa representación así lo exija, puede protegernos de la tiranía. Si en lugar de eso se concentran en sus propios intereses personales y de grupo, la ruta hacia la descomposición política está abierta.
Representarse a sí mismo
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Víctor Reynoso
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