Principios humanistas para la inteligencia artificial

Ciudad de México /

Mi padre siempre fue un entusiasta de las tecnologías. En la colonia de maestros en la que vivíamos, la nuestra fue la primera familia en tener un horno de microondas. Cuando llegó el aparato, mi papá vaticinó la nueva dinámica que esto impondría: ahora no comeríamos todos juntos, sino que cada quien se calentaría la comida en un plato de plástico y comería a la hora que quisiera.

Solo imaginar la falta de convivencia que impondría el armatoste me hizo odiarlo antes de estrenarlo. Afortunadamente, la innovadora configuración duró apenas dos días, en los que sacamos del horno un plato de plástico con comida tan ardiente que apenas se podía comer, y que cuando se enfriaba tenía una consistencia imposible de masticar. El caso es que bien pronto regresamos al calor de la estufa y, sobre todo, al de la plática familiar a la hora de la comida, mientras el microondas se volvió un objeto más, tan inconspicuo como una plancha, sin otra función que la de calentar agua para café. 

La anécdota no tiene nada que ver con la inteligencia artificial, pero ilustra el punto común que tiene la adopción de nuevas tecnologías: si son útiles, impactan nuestra vida cotidiana, alteran nuestras dinámicas de convivencia y la manera como nos allegamos de recursos, en unos casos, como el del microondas, de comida caliente, y en otros casos, como el de la IA, de información e insumos para la toma de decisiones.

Adoptar una tecnología de manera responsable pasa por sopesar si estos efectos salen bien librados de cara a los prometidos beneficios. Y cuando se trata de efectos en un colectivo, como una familia o una sociedad, podremos no estar todos de acuerdo en la ponderación de sus ventajas frente a sus costos.

A escalas mayores, cuando una tecnología se comienza a usar de manera masiva, es necesario calcular sus implicaciones en la sociedad que la usa, es decir, preguntarnos al mismo tiempo cómo se puede aprovechar mejor y qué puede salir mal. No hay adopción tecnológica sin consecuencias. La rápida e imparable expansión del uso de la inteligencia artificial en México llama a tener esta conversación necesaria.

El jueves 29 de enero, la Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación, y la Agencia de Transformación Digital y Telecomunicaciones convocaron a este ejercicio. Como entidades de gobierno rectoras de la materia, arrancaron el diálogo a partir de una declaración: los Principios de Chapultepec, una decena de directrices éticas que, a manera de referencia, se proponen guiar las prácticas derivadas o conducentes al uso de la inteligencia artificial y su desarrollo. El evento tuvo lugar en un espacio emblemático: el Museo Nacional de Antropología, y de ahí el topónimo que les da nombre.

Los principios, que presentó la secretaría de Ciencia y Tecnología, Rosaura Ruiz, son muy sencillos y hasta de sentido común, pero era necesario el acto performativo de enunciarlos: la IA debe ampliar derechos, no reducirlos; toda decisión apoyada en la IA debe tener responsables humanos; se debe declarar cuando se usa IA para generar información o tomar una decisión; el valor de la IA debe residir en el bienestar que pueda traer para las personas; se deben evaluar los efectos de la automatización de los procesos antes de adoptarla; se debe ser consciente de los sesgos culturales que puede introducir el uso de la IA y evitar que se agudicen las desigualdades lingüísticas, de género, regionales y sociales en general.

Entre las dependencias de gobierno que participaron estuvo el Inegi, representado por su presidenta, Graciela Márquez Colín; la Secretaría de Salud representada por el subsecretario, Eduardo Clark; la Secretaría de Educación Pública en la voz del director general de Educación Universitaria, Carlos Iván Moreno, y la Conabio, representada por su titular, Raúl Jiménez Rosenberg. El evento lo presidieron la secretaria Ruiz, el secretario de la ATDT, José Merino, y Susana Harp, presidenta de la Comisión de Ciencia del Senado de la República.

Los panelistas hicieron recomendaciones, aclararon conceptos y formularon interrogantes a partir de datos. Una buena parte de la discusión partió de preguntas tanto del público asistente (unas 245 personas) como de quienes la siguieron por redes sociales (casi diez mil). No podré reproducir todo lo que ahí se dijo, pero entre algunas declaraciones interesantes está la de la presidenta del Inegi, quien informó que, de las empresas en México, 99.5 por ciento son pequeñas y medianas, y la enorme mayoría de ellas no suele usar tecnología (ni IA ni otras) para su contabilidad o sus procesos. Esto llama a impulsar lo que llaman la “literacidad en tecnología”, necesaria en el ámbito empresarial, pero también en el educativo y el académico en general.

Carlos Iván Moreno presentó algunos resultados de la mayor encuesta sobre el uso de IA en la comunidad universitaria. La encuesta revela que profesores y estudiantes hacen uso regular de la IA por igual (más de 90 por ciento); sin embargo, 80 por ciento de los estudiantes y 60 por ciento de los docentes no han tomado un curso o capacitación para el uso ético y crítico de esta tecnología. Moreno cierra con un mensaje: “Mientras que los estudiantes sí están preocupados por prepararse para una adopción provechosa y responsable de la IA, las instituciones de educación no parecen estarlo tanto”.

Las mesas completas se pueden encontrar en el canal de YouTube de la Secihti. La conclusión que se puede extraer, por ahora, es que estamos frente a una tecnología que, bien usada, puede ser sumamente benéfica, pero para asegurar que los beneficios sean mayores a las posibles desventajas, se requiere información clara y rigurosa al alcance de la sociedad que inevitablemente la va a adoptar.

De acuerdo con el Inegi,las empresas en México no usan tecnología para su contabilidad. AP


  • Violeta Vázquez-Rojas
  • Lingüista egresada de la ENAH, con doctorado por la Universidad de Nueva York. Profesora-Investigadora, columnista y analista, con interés en las lenguas de México, las ideologías, los discursos y la política.
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