26 años del Toms

Ciudad de México /


A Miguel Pujana

Miguel no lo recuerda, pero la primera vez que atravesé el pequeño corredor oblicuo completamente negro tenían puesto “Come As You Are”. Fue cuando dije, hombres y Nirvana, eso es todo lo que necesito. Tenía como 20 años. Desde entonces el Toms se convirtió en mi bar favorito. Hasta el día de hoy.

La Estación, en la calle de Hamburgo, en la Zona Rosa, tenía su morbo cuasi porno. El Chiquileather, dueño de La Estación, se colocaba en la entrada como militar resguardando una fortaleza. A veces te prohibía el paso si el código de vestimenta no se ajustaba a los fetiches de su club. Le gustaba un chingo Depeche Mode (o eso deduzco, pues lo ponían por horas) y maldecía a los parroquianos que usaban poppers. Lo cual me parecía una contradicción moral y anticuada. Prácticamente todas las paredes adornadas de pinturas hiperrealistas de policías y bomberos más la planta alta amueblada con torretas de seguridad, glory holes y jaulas eran mensajes subliminales para inhalar del frasquito. De hecho, conocí el Toms un día que el Chiquileather o alguien de su equipo se emputó porque el baño apestaba a nitratos. Había sido yo y otro bato. Agarré el boletín de la Ser Gay impresa en papel revolución, eché un vistazo a lo que estaba cerca, vi el nombre del Toms y me largué de ahí.

No se malentienda. No es un reclamo ni mucho menos una odiosa comparación. Ambos clubes son históricos en la evolución de la homosexualidad capitalina. Simpatizaba con el Chiquileather y su fetiche concebido como una infantería estricta y mojigata. Pero el Toms siempre tuvo una personalidad alejada de cualquier conclusión identitaria. Sí, el nombre con todo y apellidos es Toms Leather Bar. Pero aquí el deseo entre hombres no responde a una literalidad evidente, pero hueca. Quiero decir: ¿de qué sirven un chingo de batos en arneses de cuero si les metes mano y salen huyendo como ratas frente a la luz? En el Toms, los tipos no visten de acuerdo a los códigos de la cultura leather, pero el deseo es más austero. Real. Convive con los explícitos videos de pornografía en 4K que exhiben las enormes pantallas a mitad de la altura de los ojivales.

No solo Nirvana. Ese mismo día que pisé por primera vez el Toms también soltaron “Regret”, de New Order. Y como todos sabemos, New Order es superior a Depeche Mode, en tanto los de Manchester no necesitan apoyarse en la sofisticación del cuero y el rímel para que los beats se te metan a tu sinapsis. New Order siempre mantienen un pie en la resignación de las guitarras y nunca piden perdón por vestirse de la chingada. Para ellos es más importante la eyaculación de sintetizadores que un posicionamiento de moda.

Podría decirlo de este modo, La Estación era de Depeche Mode y el Toms es New Order. La Estación hace mucho que desapareció y el Toms sigue existiendo. Hace una semana celebró su cumpleaños número 26 y pusieron varias de New Order. También tracks de Mylo, Inxs y Dua Lipa.

Fue una fiesta emotiva. Con todos los rasgos que han hecho del Toms un local aparte. Los gogos dancers vibrando la barra de metal con las suelas de sus botas detonando sonidos industriales. Los momentos de ópera. La trémula parte trasera y una planta alta que se ha convertido en el refugio de los valientes.

No solo sobrevivió a la hibernación a la que nos sometió el aislamiento social por el covid-19. El Toms sigue de pie a pesar de la voracidad inmobiliaria. Recuerdo un tiempo en los que podías echarte unas grasosas quesadillas a un par de locales a la izquierda después de quemar calorías en los rincones del Toms. Hoy ese espacio lo ocupa un edificio de apartamentos lujosos. También ha resistido los embates del volátil movimiento gay mexicano. Acusaciones de ser un refugio de las masculinidades que hoy son fiscalizadas por los deconstruidos. Los gustos personales son propiedad de nuestra república de las sábanas y solo eso. No hacen daño. Puede ser. En realidad, es un bar despojado de cualquier flagelo. Me ha tocado ver cómo hombres jóvenes en búsqueda de un mundo mejor terminan disfrutando de la viril inercia del Toms. La única forma de pasarla bien. Será porque es un lugar que fomenta la conversación entre desconocidos calenturientos. La cultura gay nocturna, aun con todo y sus ideologías que buscan la justicia social hasta en la última gota de diversión, es propensa a generar tribus. Siempre me he sentido atraído por los asiduos del Toms que portan su soledad con calenturiento orgullo. Contrario a la muletilla de los clubes donde un gay puede ser gay libremente sin el escarnio de la soledad, el Toms es un lugar donde puedes estar solo con tus sucios pensamientos sin la presión del clóset o de comprometerte con alguna postura activista a la de a huevo. Ahí escribí las primeras notas del Funerales de hombres raros.

El escritor Edmund White decía que los bares de corte leather, donde la soledad hacía de la brújula de la lujuria, ayudaban a entender nuestra relación con el resto de una sociedad que no importa lo que pase, siempre antepondrá la convención de la heteronorma por encima de cualquier simpatía. Platicando con los desconocidos del Toms conocí a la mitad de mis ex novios. Una vez llevé a mi mejor amigo buga, el Cullen, antes de que desapareciera por la cruel ola de violencia que azota este país. No podía creer que pudiera pasarlo tan bien con solo el cover y par de botellas de Lager. Cuando el gastaba una fortuna en la mesa de un table dance y las caricias de las chicas eran proporcionales a la propina.

Los tiempos cambian cierto. Pero en su atemporal toxicidad radica su encanto. Larga vida al Toms.

Wenceslao Bruciaga


  • Wenceslao Bruciaga
  • Periodista. Autor de los libros 'Funerales de hombres raros', 'Un amigo para la orgía del fin del mundo' y recientemente 'Pornografía para piromaníacos'. Desde 2006 publica la columna 'El Nuevo Orden' en Milenio.

LAS MÁS VISTAS

Más opiniones
MÁS DEL AUTOR

¿Ya tienes cuenta? Inicia sesión aquí.

Crea tu cuenta ¡GRATIS! para seguir leyendo

No te cuesta nada, únete al periodismo con carácter.

Hola, todavía no has validado tu correo electrónico

Para continuar leyendo da click en continuar.