Empezó como un tributo hace un par de años, en 2024, para ser exactos, cuando Patricio Iglesias sintió el impulso de tocar en bares chiquitos, sin más pretensión que la de juntar a algunos amigos frente a gente que le pedía canciones de Santa Sabina.
Si bien en 2019 ya habían sido invitados al festival Vive Latino para celebrar los 30 años de Santa Sabina.
“Pero allí éramos los fundadores y todos los miembros que han estado a lo largo de toda la historia de Santa Sabina. Fuimos nueve personas en el escenario de Vive Latino: dos tecladistas, dos guitarristas, chelo, saxofón, bajo y batería, un desfile de cantantes, más el Coro Virreinal Rita Guerrero, perteneciente a la Universidad del Claustro de Sor Juana. Ese momento refrescó muchos de los sentimientos que tengo por Santa Sabina. Ahí se prendió la chispa de volver a empezar”, me dice Pablo Valero, guitarrista nativo de Santa Sabina, quizás la banda más mística, con más personalidad de ese mito fundacional llamado rock mexicano: “Después de ese Vive Latino hicimos una gira importante. Aunque, cuando vino la pandemia, como que todo se diluyó”.
Pero aquel tributo del 2024 fue la combustión de una banda que merecía un reencuentro que dignificara su lugar en la historia del rock azteca.
Para el Vive Latino del 2026, la alienación original de Santa Sabina hizo su entrada triunfal.
Sólo dos bandas mexicanas han logrado conmover mis nociones de respeto, Zurdok y Santa Sabina, con la arcana presencia de Rita Guerrero confabulando historias de vampiros de bocas secas, tías psicodélicas y monederos de metal con ácidos y chicles en su interior. Rita no sólo cantaba, sino que estiraba las palabras como gomas de mascar mediante ruidos guturales, como si fuera poseída por el espíritu de una soprano en lencería de cuero y terciopelo. Era como la conjunción de Diamanda Galás con Elizabeth Fraser de los Cocteau Twins en orgulloso bricolaje hispánico.
Aún la recuerdo cantando “Mirrota” en el primer concierto en apoyo a los zapatistas de Chiapas, en el Estadio de Prácticas de Ciudad Universitaria de la UNAM, en el entonces Distrito Federal, a principios de los noventa; ahí, Rita salió elevando una manta transparente que volaba sobre su larga cabellera negra mientras un vestido blanco la hacía parecer santa.
Santa Sabina empezó como un proyecto de jazz industrial primeramente llamado Los Piscotrópicos, que musicalizaba obras de teatro producidas en el Centro Universitario de Teatro de la UNAM. Ahí, Poncho Figueroa al bajo; Pablo Valero en la guitarra; Taniel Morales en la batería; Jacobo Lieberman y Juan Sebastián Lach en los teclados y Andrés Loewe en el saxofón daban forma a sonidos capaces de articular historias sin necesidad de letra. Por entonces Rita Guerrero era actriz de teatro. Fue en ese contexto de artes escénicas experimentales del México de finales de los ochenta que los músicos la conocieron. Tenían que coronarla como cantante. Convencerla no fue fácil.
Cuando Rita por fin accedió, surgió Santa Sabina, en honor a María Sabina, la legendaria sacerdotiza de los hongos alucinógenos de Oaxaca, de quien se dice guió los viajes extrasensoriales de famosos hippies.
Santa Sabina se convirtió en una banda de culto casi de inmediato. Nadie sonaba como ellos, nadie combinaba notas lúgubres con pasajes de rap o música de cámara con letras de auténtico rock urbano.
Su breve discografía consolida esa reputación.
Rita Guerrero fue la diva oscura del rock mexicano. Perdió la batalla contra el cáncer el 11 de marzo de 2011, tenía apenas 46 años.
“Suplir a Rita Guerrero es imposible. Su voz era única, podías identificarla a los pocos segundos de escucharla. Así que nadie, absolutamente nadie, puede sustituirla. Lo que sí, es que creemos que muchas mujeres pueden habitar el espacio de Rita porque Rita era muchas mujeres al mismo tiempo, con distintos colores y una gama vocal inmensa”, dice Pablo Valero, “para este reencuentro de Santa Sabina estamos con dos cantantes, Angélica Victoria, que es una chava con la que yo llevo un rato haciendo música con una banda que se llama Filia Rota, y Dafne Carballo, quien ya había prestado su voz en la banda Descartes a Kant”.
Santa Sabina será una de las presentaciones especiales del Psyched! Fest México, un festival organizado por la estación Psyched! Radio, con sede en San Francisco, California, que presentará conciertos en la Ciudad de México y Guadalajara, con un carácter subterráneo y contracultural y de auténtica independencia desafiante, como en los inicios de Santa Sabina.
Le pregunto a Poncho Figueroa cuál es la sensación de ensayar previo a su presentación en un festival como el Psyched! Fest México y cómo piensa que reaccionarán las nuevas generaciones que quizás no estén familiarizadas con Santa Sabina como figura clave en la historia del rock mexicano:
“Es una pregunta muy chida porque no es que estemos repitiendo las rolas, sino que es como reinventarlas. Estamos haciendo arreglos en algunas canciones respetando el formato original. Se siente como una misión impedir que Santa Sabina muera. Y es sumamente interesante ver cómo los jóvenes que nos escuchan por primera vez se acercan y nos dicen que sonamos distinto a lo que suelen escuchar. Siempre pensé, en su momento, que la música de Santa Sabina era inclasificable. Quizás tenía razón”.
Santa Sabina se presentará el próximo 5 de septiembre en el Foro Indie Rocks de la Ciudad de México, como parte de Psyched! Fest México.
https://fest.psychedradiosf.com/psychedfest-mexico-2026/