Hora de chupar faros

Ciudad de México /
Únete al canal de Milenio
José Luis Rodríguez Zapatero, expresidente de España. EFE

José Luis,

Perdone usted el morbo, pero hace ya dos meses que sigo desde México su caída en desgracia. Debe de ser difícil perder así, de un día para otro, el control y la fuerza de un personaje tan convincente como ese José Luis Rodríguez Zapatero que era el “faro moral” de sus adeptos. Si hasta hace pocos meses sus gestos semejaban exudar buena fe, hoy todo cuanto dice parece despedir un sarcástico tufo a podredumbre. Lo sé porque lo he visto en la televisión y en cuestión de segundos viajé del azoro a la risa, con su debida escala en el repelús. Cual si estuviera frente al espectáculo de un mago avejentado cuyos trucos simplones han perdido vigencia, encanto y eficacia.

Desde su imputación como jefe y cerebro de una presunta trama delictiva, ha dado usted apenas una entrevista, ante las cámaras de la televisión estatal. Como quien dice, en casa y con los suyos. “Presidente, ¿se ha corrompido usted?”, inquiere el periodista Javier Ruiz, para abrir boca, empleando el tono de una amable abuelita que pide escasas cuentas al chamaco travieso. Y usted naturalmente le responde que no. ¿A qué estamos jugando, José Luis? ¿Esperaba quizás el oficioso Ruiz que usted le respondiera: “Sí, soy un corruptazo”? La segunda pregunta es otro pase a gol: “¿Ha vendido usted influencias, ha traficado usted con favores políticos?”

No negaré que tiene usted talento —excepcional, es cierto— para moverlo a uno a la empatía instantánea, pero ahora que está contra las cuerdas se le ve sobreactuado. Artificial. Fantoche. “Sufro mucho pensando que el Partido Socialista pueda sufrir por la situación en la que me encuentro”, afirma usted, querúbico, plácido en los terrenos del lloriqueo, y aclara que se encuentra convencido de su propia inocencia. “Lo estoy explicando con sinceridad”, asegura. “Yo no juzgo intenciones”, se deslinda. “¡No es mi estilo, por favor!”, coquetea. “Soy muy consciente de lo que represento”, se vanagloria. Pero como le digo, no le creo, especialmente cada vez que se esmera en darse esos risibles baños de pureza. ¿Piensa usted, José Luis, que impartiendo lecciones de moral va a quitarse de encima las sospechas fundadas de su doble cara?

Un capítulo aparte merece la cuestión de las piedras preciosas. Tenía usted un millón y medio de dólares en joyas, ocultos en la caja fuerte de su oficina, y quiere que le crean que esas preciadas gemas no tenían “uso, ni destino, ni afán patrimonial”. Que “estaban ahí y nada más”. Que usted jamás ha entrado en una joyería. ¡Y que encima las joyas le provocan alergia! Motivo suficiente, yo supongo, para meterlas en la caja fuerte.

¿Ya ve lo que le digo? Se le nota el esfuerzo, se le pasa la mano, se le asoma la culpa detrás de esas plastotas de maquillaje. Sabe uno que ha perdido los controles de su personaje cuando sus carantoñas dejan de funcionar y aun sus mejores frases son contraproducentes. ¿No se da cuenta acaso que está usted más quemado que Juana de Arco?

En México diríamos que aquel faro moral tan admirado pasó súbitamente a chupar faros. Una expresión curiosa, relativa al momento en que se ofrece una última fumada a quien se halla de espaldas al paredón. ¿Y no chuparon faros asimismo las esperanzas de tantos presos de conciencia en sus gestiones ante la satrapía venezolana, que halló en usted al “policía bueno” que hacía falta para chantajearlos, amén de un entusiasta socio de chuecuras? ¿Cuántos opositores siguen chupando faros en la infame prisión del Helicoide? De aquello, por supuesto, nada le ha preguntado su amigo el periodista, y tampoco es que usted se prestara a ofrecer muchas explicaciones sobre las numerosas evidencias que lo siguen, como una nube larga y ominosa.

“Hay una hemeroteca sobre mí gigantesca”, se duele usted, atónito y ufano, como esperando a que uno tome la hipocresía por virtud y confunda el cinismo con candor. Lo siento, José Luis. Me temo que esta vez ha alcanzado su límite de crédito. 


  • Xavier Velasco
  • Narrador, cronista, ensayista y guionista. Realizó estudios de Literatura y de Ciencias Políticas, en la Universidad Iberoamericana. Premio Alfaguara de Novela 2003 por Diablo guardián. / Escribe todos los sábados su columna Pronóstico del Clímax.
Más opiniones
MÁS DEL AUTOR

LAS MÁS VISTAS

¿Ya tienes cuenta? Inicia sesión aquí.

Crea tu cuenta ¡GRATIS! para seguir leyendo

No te cuesta nada, únete al periodismo con carácter.

Hola, todavía no has validado tu correo electrónico

Para continuar leyendo da click en continuar.

Suscríbete al
periodismo con carácter y continua leyendo sin límite