Nazi el que lo lea

Ciudad de México /
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Noha titubeado el mandamás del Kremlin en bombardear. Reuters


La esperanza de vida de un soldado ruso recién depositado en territorio ucraniano oscila entre los 20 y 30 minutos. Según dice John Ratcliffe, director de la CIA, esto se debe al poder de los drones, “máquinas de matar de alta especialización y bajo costo”. A más de 1,600 días desde el inicio de la invasión, las bajas rusas se acercan al millón y medio, entre muertos y heridos, pero Vladimir Putin continúa empeñado en su cruzada neosoviética por “desnazificar” el país que no acaba de invadir.

Con tal de conseguir su ambicioso propósito, no ha titubeado el mandamás del Kremlin en hacer bombardear zonas residenciales, colegios, sanatorios, centros comerciales y demás blancos fáciles en donde menudean las víctimas civiles, acaso calculando que esos golpes bajos desmoralizarán a los tales neonazis invadidos. Secuestrar a sus hijos parece poca cosa, a ojos putinianos, cuando se trata de rusificarlos —como quien dice, desnazificarlos—, y aun las peores crueldades concebibles, como arrasar con pueblos y ciudades, no son sino pequeños esfuerzos concertados por hacer realidad la mentada misión desnazificadora.

Como Stalin en 1943, Putin dispone de cantidades inagotables de carne de cañón. Prácticamente ha vaciado las cárceles con tal de incorporar nuevos soldados a sus huestes letales, así estén mal comidos y peor entrenados. Pues si a los mercenarios les pagan poco y tarde (y eso cuando les pagan), ¿qué podrían esperar los reos, que en la práctica son propiedad estatal? Por más que el régimen haga hasta lo indecible por callar y hacer callar los horrores del frente de batalla, cada día resultan más escasos los interesados en pelear en el nombre de un patriotismo tan sui generis que quien no lo comparte y vocifera corre el riesgo de ir a dar a la cárcel.

No deja de ser curioso que el enemigo declarado del nazismo recurra a métodos dignos de la Gestapo para hacerle la guerra a nazis tan discretos que ni por casualidad les encuentras la svástica. El hombre que envenena a sus adversarios, enchirona a sus críticos, cultiva una ridícula imagen de superhéroe, encabeza una corte de vasallos cabizbajos y ha impuesto un absoluto control informativo… siente el imperativo moral de desnazificar a sus vecinos.

Ignoro cuál podría ser el proceso adecuado para quitarle lo nazi a un nazi, pero si yo tuviera que contratar a un desnazificador en jefe, Vladimir Putin sería mi última opción. Habido su currículo famoso en todo el mundo, me temo que sus múltiples talentos resultarían del todo contraproducentes. ¿Exagero si digo que un hombre a tal extremo frío, imperioso y despiadado habría sido la envidia de Reinhard Heidrich? En todo caso, ya que se trata de soltar disparates, Putin hace patentes como nadie sus dotes de renazificador.

¿Alguien encuentra extraño que la contratación de nuevos combatientes rusos alcance cuotas cada día menores? Por más que el régimen se esmere en ocultar derrotas y carencias, que adoctrine a los niños en la escuela con kilos de calumnias vergonzosas, que silencie a la prensa y amenace o castigue a los disidentes, que manipule números y estadísticas para que no se vea la matazón, casi nadie —probablemente ni los mismos presidiarios— quiere engrosar las filas del ejército ruso. En los últimos meses, se reporta un promedio de 800 soldados contratados por día, ahí donde el promedio de bajas diarias roza las 900. Imaginemos la moral de combate de tantos infelices forzados a pelear, y enseguida morir, en nombre de unas cuantas abstracciones sacadas de la manga de un afamado crápula metido a dictador.

¿Y al señor Putin… quién lo desnazifica? Nada más complicado, dadas las circunstancias, que embarcarse en la desnazificación de quien se ha autonombrado desnazificador. El chiste, al fin, está en mentir primero, no en decir la verdad. Lo sabían los nazis originarios, como lo saben Putin y sus esbirros. El que los desnazifique será un buen desnazificador. 


  • Xavier Velasco
  • Narrador, cronista, ensayista y guionista. Realizó estudios de Literatura y de Ciencias Políticas, en la Universidad Iberoamericana. Premio Alfaguara de Novela 2003 por Diablo guardián. / Escribe todos los sábados su columna Pronóstico del Clímax.
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