Miguel Ángel Treviño Morales, quien fuera líder de Los Zetas y el Cartel del Noreste, insiste en tirar abajo el caso en su contra por narcotráfico en los Estados Unidos, donde lleva ya más de un año encerrado.
Ahora, a través de su abogado de cabecera, William Purpura, solicitó que el juez de su caso desestime los cargos que enfrenta al señalar que la fiscalía estadunidense carece de evidencia actual que demuestre que, en efecto, encabezó a la violenta red criminal que convirtió en un infierno al noreste mexicano durante la primera década de los dos mil.
Purpura, un experimentado abogado de Baltimore que en su momento formó parte de la defensa del exlíder del Cártel de Sinaloa, Joaquín Guzmán Loera, El Chapo, presentó una moción este 19 de abril donde ha requerido al juez Trevor Mcfadden desestimar la acusación en contra de su cliente, a quien apodaban El Z-40, basado en un estatuto de limitaciones legales.
“La imperfección inherente de la acusación de 2024 es que alega la comisión de múltiples asesinatos y tres delitos nuevos (participar en una empresa criminal continua, uso de armas de fuego y lavado de dinero) nunca previamente presentados en el caso principal, una presunta participación en un cártel diferente por el cual había sido imputado antes y la ampliación excesiva de la duración de la conspiración por catorce años y seis meses”, asegura Purpura.
El abogado, acompañado de Michael McCrum, otro de los representantes de Miguel Ángel Treviño Morales, asegura que los principios constitucionales de los Estados Unidos deberían amparar a su cliente ante una excesiva acusación en su contra, por lo que la fiscalía debería tener evidencia suficiente en contra del mexicano no más antigua a cinco años para poder mantener el caso en firme.
“El gobierno no es libre para presentar cargos criminales en contra de una persona cuando sea que lo elija”, asegura Purpura.
Actualmente, Treviño es acusado en una causa penal que lleva cinco actualizaciones desde que fue presentada por primera vez en la corte federal de Washington, DC, en marzo de 2008.
La última acusación ampliada fue presentada en 2024, y concluye que El Z-40 participó como miembro de Los Zetas desde el año 2000 y hasta, al menos, agosto de 2024, incluso tras su arresto en 2013 en México.
Treviño se encuentra imputado con cuatro cargos por tráfico de cocaína y de mariguana, blanqueo de fondos, crimen organizado y posesión de armas de fuego. Junto con su hermano Omar, alias El Z-42, encabezaron a Los Zetas tras la caída de Heriberto Lazcano Lazcano, alias El Lazca, quien fue abatido en 2012 por fuerzas mexicanas, según presume Estados Unidos.
Washington tiene en su poder al menos 4.9 millones de documentos relacionados con interceptaciones de comunicaciones, inteligencia y aseguramientos de drogas relacionados con la operación criminal de Los Zetas, un grupo delictivo formado a inicios de los años dos mil para dar seguridad al Cártel del Golfo y a su entonces líder, Osiel Cárdenas Guillén.
El Cártel del Golfo, y Los Zetas eventualmente, operaron por años una red de contrabando de narcóticos que une corredores prioritarios entre México y los Estados Unidos, como el de Nuevo Laredo, Tamaulipas, y Laredo, Texas, el de Reynosa, Tamaulipas, y McAllen, Texas, y el de Matamoros, Tamaulipas, y Brownsville, Texas.
La asociación criminal fue bastante fructífera. Los Zetas contaban con elementos sumamente violentos y con entrenamiento militar de élite, pues varios de ellos eran desertores del Grupo Aeromóvil de Fuerzas Especiales (GAFE) del Ejército mexicano.
Así que Los Zetas y el Cártel del Golfo fundaron La Compañía, como se hacía llamar a su alianza. Para 2010, ambos rompieron, pues la red bajo la tutela del Lazca se dio cuenta de que podía operar por su propia cuenta, y entraron en guerra con sus antiguos jefes.
El enfrentamiento derivó en una etapa inusitada de violencia, asesinatos, desapariciones y torturas en sus zonas de operación nunca antes vista.
Miguel Ángel Treviño Morales fue arrestado en 2013, tras lo cual su hermano Omar quedó al frente del cártel, aunque también fue arrestado eventualmente. Los Zetas, debilitados, cambiaron de nombre al Cártel del Noreste y, según autoridades mexicanas, seguían operando bajo el mando de los Treviño aun desde prisión.
No fue sino hasta febrero de 2025 cuando Miguel Ángel y su hermano Omar fueron puestos en manos del gobierno estadunidense durante una transferencia masiva de prisioneros, pues habían logrado evadir su extradición a través de vericuetos legales.
“No hay evidencia de ninguna conversación grabada, de un informante o de un oficial encubierto que se haya reunido con el señor Treviño, o alguna otra evidencia de que cometió actos ilegales mientras estuvo en prisión, lo que hubiera probado su participación en cualquier conducta ilegal dentro del periodo de 5 años previo a agosto de 2024, la fecha en la que se presentaron nuevos cargos”, dice Purpura.
Así, la representación legal del exlíder zeta asegura que el gobierno estadunidense ha extendido de forma “artificial” las fechas de los delitos para sostener un caso que tiene más de dos décadas de antigüedad, lo que representa un acto ilegal por parte de la fiscalía.
Así, ahora quedará en manos del juez McFadden analizar la petición de la defensa de Treviño Morales, y decidir si es aplicable el estatuto de limitaciones temporal de cinco años en contra del mexicano, para desestimar o no los cargos en contra del Z-40.
Mientras, la fiscalía estadunidense sigue entregando la evidencia que forma parte del caso criminal en contra de Miguel y de su hermano Omar, pues busca llevarlos a juicio, sin un acercamiento formal hasta el momento para un acuerdo de culpabilidad.
Mientras tanto, William Purpura intentará demostrar que El Z-40 nunca lideró ninguna red criminal mientras estuvo detenido.
“Durante el periodo de cinco años previo a agosto de 2024, el señor Treviño estuvo consistentemente encarcelado en una prisión de México. Todos los contactos del señor Treviño fueron monitoreados de cerca durante el periodo completo y no hay prueba o indicación alguna, más que rumores insustanciales, de que participó, y mucho menos dirigió, actos ilegales”, concluye Purpura.
ROA