• Caro Quintero compró en EU las armas que se usaron para levantar a ‘Kiki’ Camarena: gastó 50 dólares por cada una

  • Reportaje
  • El Cártel de Guadalajara compraba armas en EU por 50 dólares cada una. Con ese arsenal, sus hombres levantaron, torturaron y asesinaron al agente ‘Kiki’ Camarena en 1985.
Ciudad de México /

Rafael Caro Quintero era el hombre que acaparaba los titulares de la prensa y los espacios de noticias en radio y televisión. Era el hombre más buscado por la DEA, la agencia antidrogas, y el protagonista de ese “desmadre”, como le advirtió su compadre Ernesto Fonseca Carrillo, Don Neto, cuando se enteró del asesinato a Kiki Camarena, que puso en vilo la relación entre los gobiernos de Miguel de la Madrid y Ronald Reagan.

A las siete de la mañana del 7 de abril de 1985, el que años más tarde sería apodado El Narco de Narcos, rendía su segunda declaración ministerial en los separos de la entonces Procuraduría General de la República (PGR), en el edificio número 9 del Eje Central. Habían pasado cuatro días desde su detención en la Quinta California, en San José de Costa Rica. Rafael Caro Quintero se sacudió los recuerdos para desempolvar el origen del arsenal que le incautaron las autoridades.

La primera declaración ocurrió el 5 de abril, luego de su detención en el vuelo que lo transportó de Costa Rica a México, en el avión de la Procuraduría con la matrícula XC-PGR. El encargado de ese interrogatorio fue Florentino Ventura Gutiérrez, primer comandante de la Policía Judicial Federal. Pero ahora, el narcotraficante estaba ante el director general de Averiguaciones Previas de la PGR y el agente del Ministerio Público federal, César Augusto Osorio y Nieto.

Una llamada telefónica realizada por Sara Cosío, delató la ubicación de Rafael Caro Quintero en Costa Rica |AP

La barba rala. El abundante bigote de nuevo comenzaba a tomar forma. El cabello enmarañado. Las horas sin dormir. La tortura de las últimas horas. El hambre y la sed. Rafael Caro Quintero ratificaba su primera declaración. Respondía de manera mecánica. Narraba su vida en pocos minutos. A la autoridad le interesan específicamente los sucesos de los últimos dos años.

En el temido inmueble de Eje Central, Caro Quintero escuchaba el trepidar incesante de las máquinas de escribir. Observaba a las y los secretarios que transcriben cada palabra que se emite en ese cuarto que cinco meses más tarde sería machacado por los terremotos del 19 y 20 de septiembre de 1985.

El hombre de 29 años; originario de la comunidad de La Noria, en el municipio de Badiraguato, Sinaloa, con nivel de estudios de primero de primaria; que en 1976 comenzó a dedicarse a la siembra, cultivo y venta de marihuana, con cosechas de 30 a 50 kilos; que según sus cálculos en ese momento contaba con una fortuna de mil millones de pesos por el negocio del narcotráfico, y que proporcionó el número particular de teléfono de Guadalajara 15 86 87, respondía a la pregunta sobre su arsenal.

Desde la década de los ochenta, Quintero fue identificado como líder del Cártel de Guadalajara. (Víctor Mendiola)

Una copia certificada del expediente judicial del caso Kiki Camarena, en poder de DOMINGA, da cuenta que el secuestro y asesinato del agente de la DEA y del piloto mexicano Alfredo Zavala Avelar se operó con armas que se adquirieron en el mercado negro de Estados Unidos. Una ecuación que se ha recrudecido en las siguientes cuatro décadas: fábricas de armas, armerías, intermediarios, mafias y cientos de miles de muertos y desaparecidos.

Los compadres, los míticos fundadores de la primera mafia organizada en México dedicada al narcotráfico, más tarde bautizada por la DEA como el Cártel de Guadalajara, no sabían que esas declaraciones serían la columna vertebral, 40 años después, de la demanda de las dos últimas administraciones de México –la del expresidente Andrés Manuel López Obrador y la de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo– para que empresas estadounidenses dejen de vender las poderosas armas que fabrican, que luego son adquiridas en armerías, y que llegan a manos de los grupos criminales al sur del Río Bravo, hoy siete de estos declarados “organizaciones terroristas” por Donald Trump.


El Cártel de Guadalajara compraba armas del otro lado del río Bravo

Ernesto Fonseca Carrillo, 'Don Neto', también es considerado como uno de los fundadores y principales líderes del Cártel de Guadalajara | DEA

Desde principios de la década de los ochenta, los compadres de Badiraguato sabían que las armas eran el esqueleto, el sistema neurálgico, el cerebro de las mafias. Caro y Don Neto no terminaron la primaria, pero sabían que en el negocio criminal se necesitan armas de alto poder y hombres determinados a usarlas. La corrupción en los regímenes priístas y las laxas normas estadounidenses en materia armamentista fueron la mejor combinación.

Los capos, según sus declaraciones ministeriales, necesitaban esas armas para sus escoltas personales y para el resguardo de sus propiedades; para cuidar los terrenos donde se sembraba, cosechaba y empaquetaba la marihuana, como el rancho El Búfalo, el que detectó Kiki Camarena en noviembre de 1984; para levantar, desaparecer y asesinar; para empatarlas con las ‘charolas’ falsas de la temida Dirección Federal de Seguridad, de la Policía Judicial Federal o de la Policía Judicial de Jalisco, para secuestrar y luego asesinar a un agente de la DEA.

En la PGR, Caro Quintero declaró: “que cuenta con veinte armas largas entre cuernos de chivo, y R-15, las cuales adquirió en los Estados Unidos de Norteamérica en diferentes armerías de las que no puede proporcionar sus nombres y domicilios, en virtud de que las mismas eran adquiridas por el [testado], que es una de las gentes de su confianza y según tiene entendido el declarante [testado] paga a diferentes personas la cantidad de 50 dólares por que (sic) le compré cada una de las armas y desde luego que tengan registro”.

Los fusiles AK-47 son conocidos coloquialmente como "cuerno de chivo" | Especial

Ernesto Fonseca Carrillo y 24 de sus pistoleros fueron capturados ese mismo 7 de abril pero en Puerto Vallarta, Jalisco. En un operativo relámpago los trasladaron al entonces Distrito Federal en un avión militar. Ya en la capital fueron llevados al número 81 de la calle de Soto, en la colonia Guerrero, donde se encontraban los separos de la Interpol-México.

En ese lugar, el narcotraficante originario de Santiago de los Caballeros, municipio de Badiraguato, Sinaloa, manifestó el 9 de abril que “respecto a las armas que usan sus muchachos o pistoleros, cuyo número es inestable que fluctúa entre 25, el armamento que ellos usan, como ya dijo, pistolas, escuadras, calibres .45 y .38, rifles cuerno de chivo y R-15 los compra a través de su segundo que es Samuel Ramírez Razo”. Dijo que éste era el encargado de comprarlos y que “los compra en San Diego y Los Ángeles, CAL., los pasa a territorio mexicano, los amigos que tiene lo pueden informar en detalle”.

Dos días después, Don Neto rinde su segunda declaración en la PGR. Y habla del origen de su arsenal. “Que esas armas las adquirió mediante compras que hizo a través de su sobrino de nombre [testado], quien radica en Los Ángeles, California… que su sobrino las introdujo al país […] y en forma clandestina puesto que las armas las traía escondidas en vehículos y, por supuesto, sin los permisos correspondientes de la Secretaría de la Defensa Nacional”, narró Fonseca Carrillo.

Los dólares que el Cártel de Guadalajara gastaba en armas eran obtenidos de su lucrativo negocio de tráfico de drogas | Especial

En aquellos años de crisis económicas recurrentes, de devaluaciones perpetuas, una inflación que rondaba el 83% y agresivas recetas neoliberales de los organismos financieros internacionales, el tipo de cambio fluctuaba en alrededor de 500 pesos por dólar. Es decir, Caro Quintero y Fonseca Carrillo compraron en 25 mil pesos, aproximadamente, cada una de las armas que adquirió el Cártel de Guadalajara en Estados Unidos.

Reagan no escatimaba en recursos y la industria armamentista se frotaba las manos

México se preparaba para ser la sede de su segundo Mundial de Futbol. Colombia había renunciado a la organización de ese evento por distintos escándalos de corrupción. Los cárteles colombianos, el de Medellín y el de Cali, desangraban al país sudamericano con armas procedentes de Estados Unidos, en la llamada “época del terror”, que abarcaría los años de 1984 y 1989.

La Guerra Fría daba sus últimos estertores. La administración del republicano Ronald Reagan buscaba acelerar el desmoronamiento de la Unión Soviética y dilapidaba por todo el mundo recursos multimillonarios a organizaciones armadas anticomunistas. Algunas de ellas, más tarde, fueron catalogadas de terroristas por la misma Unión Americana. El vaquero ‘hollywoodense’ no escatimó carretadas de dólares para combatir a “los enemigos” de Occidente. La máquina de la esquizofrenia guerrerista estaba aceitada.

Ronald Reagan declaró la guerra a las drogas y endureció la política prohibicionista | The White House

Entrega de armas químicas, convencionales y de destrucción masiva al régimen iraquí de Sadam Husein en su guerra contra el estado fundamentalista de los ayatolas en Irán. Triangulación de recursos para el envío de armamento, no autorizado por el Congreso estadounidense, a la contra nicaragüense que boicoteaba y desestabilizaba la revolución sandinista. Una invasión de marines a Granada, isla de las Antillas que fue acusada por el gobierno de Reagan de implementar medidas “soviético-marxistas-cubanas”. Bombardeos en la Libia de Muamar el Gadafi. Financiamiento a los ‘muyahidines’, encabezados por el saudí Osama Bin Laden, en la cruenta guerra entre Afganistán y la Unión Soviética.

La obesa industria armamentista estadounidense se frotaba las manos. Los primeros años de las políticas neoliberales bajo la tutela de Reagan y Margaret Tatcher estaban aderezados con el negocio de la guerra, con una industria armamentista sin saciedad. Pero el goteo de armas también alimentaba a las aún incipientes mafias mexicanas. En ese momento el tráfico de marihuana comenzaba a llamar la atención de la DEA, sobre todo de un grupo asentado en la ciudad de Guadalajara. Los líderes de esta banda eran Rafael Caro Quintero, Ernesto Fonseca Carrillo y Miguel Ángel Félix Gallardo.

Desde aquellos años, la agencia antidrogas y su agente Enrique Camarena Salazar estaban centrados en el trasiego de enervantes desde México a la Unión Americana. No así en el tráfico ilegal de poderosas armas que servían a las bandas criminales mexicanas para operar sus millonarios negocios y corromper a las autoridades. La cocaína procedente de Colombia que hacía escala en México comenzaba a generar ruido. Nunca se chistó nada del armamento que salía de las fábricas y armerías en Estados Unidos.

Una vez secuestrado, ‘Kiki’ Camarena confesó que iba tras Miguel Ángel Félix Gallardo

Miguel Ángel Félix Gallardo, mejor conocido como el 'Jefe de Jefes', líder del Cártel de Guadalajara | Especial

Samuel Ramírez Razo, El Sam era pistolero de Fonseca Carrillo. Fue uno de los cinco mafiosos que levantó a Kiki afuera del Consulado de Estados Unidos en Guadalajara, el 4 de febrero de 1985, y horas más tarde lo interrogó en una casa de seguridad de Caro Quintero, en la calle Lope de Vega 881, Sector Juárez, en la ciudad tapatía. Don Neto y El Sam dicen en una ampliación de declaración el 11 de abril de ese año:

“Recuerdo que sí le ordené a mi compadre Samuel Ramírez Razo que hablara con el señor Enrique Camarena Salazar, que le preguntara por qué el DEA (sic) le estaba tirando tanto y que le preguntara cuál era la causa y a ver qué información le podía sacar [...].
“Recuerdo que mi compadre me informó que el señor Enrique Camarena Salazar le había dicho que el DEA no traía gran problema conmigo sino que, al que buscaban y que su atención estaba centrada, era en contra de mi compadre Miguel Ángel Félix Gallardo, porque estaba moviendo muy fuerte en los Estados Unidos con cocaína y que ya le habían dado unos golpes fuertes, y que los del DEA sabían que esta cocaína salía de México y que quien era el dueño era Miguel Félix Gallardo”.

Acorralado, Don Neto continúa respondiendo al interrogatorio: 

“Que en segundo lugar para el DEA y por su importancia estaba mi compadre Rafael Caro Quintero, porque éste era el principal introductor de marihuana a los Estados Unidos y era el que estaba produciendo más marihuana aquí en México y que, además, lo consideraban peligroso y además estaba medio loco, y que en último lugar, o sea el tercero, era el de la voz”.

La Defensa Nacional negó haber expedido permisos a las armas compradas en EU

El suministro de armas de Estados Unidos a cárteles mexicanos se remonta a décadas atrás | Foto ilustrativa: Especial

En su segunda declaración, Caro Quintero había señalado que las veinte armas que adquirió en Estados Unidos, a 50 dólares cada una, “desde luego que tenían registro”. Esto brincó a las autoridades de la PGR. El organismo envía el 11 de abril de 1985 el oficio 5.-16762 a la Secretaría de la Defensa Nacional para solicitar los permisos que tenían las armas a las que se refiere el capo de Badiraguato.

El encargado de responder la petición no es un mando medio militar. El secretario de la Defensa, el general Juan Arévalo Gardoqui, es quien contesta la solicitud el 12 de abril. En el oficio 14755, el alto mando del Ejército dirige la respuesta al procurador general de la República, Sergio García Ramírez.


“La Dirección General del Registro de Armas de Fuego y Explosivos de esta Secretaría de la Defensa Nacional, no ha expedido en ningún momento permiso al C. Rafael Caro Quintero para tener las armas descritas en su oficio; que las propias armas no fueron nunca registradas en la citada Dirección, así como que tampoco se ha expedido permiso para portar dichas armas [...], la totalidad del armamento descrito se encuentra tipificado como de uso exclusivo del Ejército, Armada y Fuerza Aérea Mexicanos”.

También el 11 de abril de ese año el comandante de la 15º Zona Militar, con sede en Guadalajara, notifica a la PGR sobre el arsenal incautado a Don Neto y sus pistoleros en Puerto Vallarta, unos días antes. La custodia del armamento, adquirido en el mercado negro de Estados Unidos, según el testimonio de Fonseca Carrillo, queda bajo custodia del Ejército. El oficio 5.-17169 menciona que a partir del acuerdo de la averiguación previa 2567/85, el arsenal incautado comprende cinco pistolas Colt calibre .45, una pistola Itaka calibre .45, una pistola Randall calibre .45, una pistola Sauer calibre .45, dos pistolas Colt calibre .38, dos pistolas Browning 9 milímetros.

Armas cortas, largas, cartuchos y cargadores conformaban el arsenal del Cártel de Guadalajara | Foto ilustrativa: Especial

Y la lista sigue con las armas de alto poder:

“Un fusil AK91 calibre 380 con mira telescópica. Nueve fusiles AKS calibre 7.62. Tres fusiles de fabricación china calibres 7.6x39. Tres fusiles sin marca calibres 762x39. Un fusil marca ARM calibre 762x39. Cuatro fusiles ARK Colt calibre 223. Una escopeta Remington calibre.12. Una metralleta SM11-A1 calibre 380 con silenciador. Once granadas de mano defensivas, cargadas con pólvora al parecer norteamericanas. Diez cuerpos de granadas de mano adaptadas con sistema electrónico. Un cuerpo de Granada con tubo estabilizador y amperaje de cohete. Una granada esférica de mano de práctica. 328 cartuchos de diversos calibres para las armas y 50 cargadores de diversos tipos para las armas mencionadas”.

El hijo de ‘Kiki’ prestó las esposas de su padre para inmovilizar a Caro Quintero

Rafael Caro Quintero es conocido como el 'Narco de Narcos' | Especial

Caro Quintero parece no observar el lente de la cámara fotográfica de los agentes de la DEA. Su semblante se confunde con rencor y miedo. El de Badiraguato tiene el torso desnudo. Los brazos hacia la espalda, posiblemente con las manos esposadas. El mítico bigote está rasurado. Detrás de unos pantalones azul marino que parecen de mezclilla, desabrochados, con la bragueta abajo, se observan unos calzoncillos blancos.

El que años más tarde fue bautizado como Narco de Narcos está recargado en una columna exterior de la Quinta California. Días después dice que esa finca se la compró a un iraní en 800 mil dólares y que los pagó en efectivo. Es la primera fotografía que le fue tomada a Caro Quintero tras su arresto en el país centroamericano. El original de esa placa se exhibe como un trofeo en el Museo de la DEA, en la ciudad de Arlington, Virginia.

Debajo de esa imagen se presenta al público una pistola con incrustaciones de diamantes que le fue decomisada luego de su detención. Es una Colt calibre .45 de fabricación estadounidense. “Pistola de diamantes, americana. Confiscada a Rafael Caro Quintero cuando fue capturado en Costa Rica en 1985, está pistola Colt .45 con incrustaciones de diamantes conmemora las operaciones en el Pacífico en la Segunda Guerra Mundial”, señala la tarjeta de descripción de la pieza exhibida.

Caro Quintero fue reaprehendido en Choix, Sinaloa en 2022 | Especial

Caro Quintero fue sentenciado a 199 años de prisión hasta 1989. Fue una condena simbólica. Las leyes mexicanas en ese entonces sólo permitían 40 años de cárcel. En 2013, luego de estar 28 años en prisión, un tribunal colegiado en Jalisco le concede la libertad.

El mafioso aprovecha el fallo e inicia una fuga de nueve años. En ese periodo funda el Cártel de Caborca. En julio de 2022 es capturado de nuevo en un operativo de la Marina en el municipio de Choix, Sinaloa.

En las imágenes el Narco de Narcos se ve devastado, en franco declive. Faltaban menos de tres años para que se concretara la más grande de sus pesadillas: pisar suelo estadounidense sólo para ser entregado a los compañeros del Kiki Camarena. Sí. En el mismo país donde a principios de los ochenta fue a comprar armas.

Cuarenta años después de esa fotografía en Costa Rica, la DEA alcanzó uno de sus mayores anhelos: el capo que ordenó la ejecución de su agente fue entregado a las autoridades estadounidenses por el gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo junto con otros 28 líderes de bandas criminales, el pasado 27 de febrero de 2025. En un acto simbólico, el hijo del agente de la DEA prestó las esposas que usaba su padre para inmovilizar a Rafael Caro Quintero cuando pisó el territorio de Estados Unidos.

Rafael Caro Quintero fue entregado a autoridades estadounidenses | Milenio

Cinco días después de la entrega del Narco de Narcos a las autoridades estadounidenses, en Nueva York, a 363 kilómetros de esa ciudad, en Washington D.C., la Corte Suprema de Estados Unidos dio el primer paso para sepultar la demanda de las dos últimas administraciones mexicanas en contra de al menos diez industrias productoras de armas: Smith & Wesson, Beretta, Colt, Glock, Century Arms, Ruger, Barrett, SnG Tactical, Ammo AZ, Diamondback Shooting Sports, Sprague’s Sports y The Hub.

El principal argumento de esta denuncia es que entre el 70% y el 90% de las armas recuperadas al crimen organizado en escenas de crimen, o a las siete “organizaciones terroristas”, como las catalogó el gobierno de Trump, salen de esas empresas.

Luego de poco más de cuatro décadas Caro Quintero pisa de nuevo territorio estadounidense. Estuvo en aquella nación entre 1982 y 1984. Ahí adquirió el armamento para él y para sus pistoleros. Lo compró a 50 dólares la pieza. Con esos fusiles y con esas pistolas, sumadas a las que había pagado Ernesto Fonseca también en Estados Unidos para sus “muchachos”, levantaron y luego asesinaron al agente de la DEA Enrique Camarena Salazar en febrero de 1985. Así lo manifestaron en sus declaraciones ministeriales.

Primera foto de Rafael Caro Quintero en prisión de Estados Unidos. | MILENIO

Con la mirada perdida, encadenado, sin su característico bigote y cabello desordenado de la juventud, Caro Quintero bajó de la escalinata y caminó del avión de la Fuerza Aérea Mexicana hacia los hombres que esperaron ese momento durante 40 años. El de Badiraguato parecía desempolvar recuerdos.

A sus 72 años, llegaba a una nación donde quizá sea condenado a cadena perpetua o a la pena de muerte. En esa noche neoyorquina el capo quizás recordó sus apariciones en rejilla en el Reclusorio Norte de la Ciudad de México. El uniforme de reo color caqui con su estampado del Departamento del Distrito Federal, donde reveló: “Que desea manifestar que efectuó diferentes viajes al interior de la República y a Estados Unidos a bordo del avión Falcon 10 que es de su propiedad”.

GSC/ATJ

  • Rivelino Rueda
  • Rivelino Rueda. Periodista. Con una trayectoria de 28 años en el oficio. Fue maestro de crónica y reportaje en la Septién. Cubrió las tres campañas presidenciales de AMLO.

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