El derrumbe parcial del edificio de San Antonio Abad 124, en la Ciudad de México ha puesto sobre la mesa la importancia del monitoreo estructural, sobre todo en una urbe en la que aún existen decenas de inmuebles dañados por los terremotos de 1985 y 2017, y que también continúa su desarrollo con grandes proyectos en una zona sísmica.
Aunque las investigaciones técnicas sobre las causas del colapso continúan, expertos coinciden en que la mayoría de fallas estructurales presentan señales previas que pueden detectarse mediante sistemas de monitoreo adecuados como microdeformaciones, cambios en la inclinación, variaciones en la frecuencia de vibración de la estructura o desplazamientos milimétricos.
La tecnología permite actuar antes de que el problema escale
En un análisis de lo sucedido en San Antonio Abad, que realizó SeismicAI, plataforma que emplea el monitoreo estructural a través de la Inteligencia Artificial, indicó que la American Society of Civil Engineers (ASCE), considera que cerca de 80 por ciento de los fallos estructurales en edificaciones muestran signos detectables antes del colapso, siempre que existan instrumentos capaces de medir el comportamiento de la estructura de forma continua.
Sin embargo, en muchos proyectos de construcción de América Latina estos sistemas aún no forman parte de los protocolos de seguridad estándar.
“El monitoreo estructural utiliza sensores instalados en columnas, vigas o cimentaciones que registran variables como vibración, deformación, inclinación o movimiento. Estos dispositivos envían datos de forma permanente a plataformas de análisis que permiten identificar patrones anómalos en el comportamiento de la estructura”, explicó Jocelyn Vargas, ingeniera industrial con amplia experiencia en el campo de las Geociencias y estudios en Sísmica Aplicada.
La también CEO de SeismicAI agregó que “los colapsos estructurales rara vez ocurren de manera completamente repentina. Normalmente existen señales previas que pueden detectarse si se cuenta con monitoreo continuo. La tecnología actual permite identificar esos cambios en tiempo real y actuar antes de que el problema escale”.
"Firma vibracional"
El análisis refiere además que diversos estudios sobre gestión de infraestructura indican que los sistemas de Structural Health Monitoring (SHM) pueden reducir hasta 60 por ciento el riesgo de fallas críticas cuando se integran desde la etapa de construcción, al permitir intervenciones tempranas.
Señala que de la misma manera que SeismicAI, otras plataformas han incorporado inteligencia artificial para mejorar la detección de anomalías como parte de las nuevas soluciones tecnológicas, que combina sensores de vibración con algoritmos de aprendizaje automático capaces de analizar miles de datos por segundo sobre el comportamiento dinámico de una estructura.
Estos sistemas funcionan identificando la llamada “firma vibracional” de una construcción. Es decir, el patrón normal de vibraciones que presenta un edificio o estructura. Cuando el sistema detecta desviaciones significativas respecto a ese patrón, se generan alertas automáticas para los responsables técnicos de la obra.
“Cuando una columna comienza a deformarse o una losa empieza a trabajar de manera distinta a lo previsto, el cambio aparece primero en los datos. El monitoreo estructural permite detectar variaciones incluso milimétricas que pueden anticipar un problema mayor”, insistió Vargas.
A nivel global, el uso de monitoreo estructural ha crecido de forma acelerada. Según la consultora Markets and Markets, el mercado global de sistemas de monitoreo estructural superó los 2.7 mil millones de dólares en 2023 y podría alcanzar más de 5 mil millones de dólares antes de 2030, impulsado por la necesidad de prevenir fallas en infraestructura urbana, puentes, túneles y edificios de gran altura.
Especialistas señalan que, en contextos urbanos con alta densidad constructiva, la implementación de sensores inteligentes puede marcar la diferencia entre detectar una anomalía a tiempo o enfrentar un colapso inesperado.
LJ