Se convirtieron en lo que juraron destruir. Conocieron el funcionamiento de la autoridad desde sus entrañas y, posteriormente, se volvieron contra ellas o las sometieron a cooptarse. En México, algunos de los líderes de organizaciones criminales dieron sus primeros pasos dentro de corporaciones policíacas de los tres niveles de gobierno aunque de forma más notoria, en aquellas que suelen quedar en el olvido: las municipales.
Como agentes policiacos dificilmente acapararon atención mediática, sin embargo, su deserción dio un giro de 180 grados a sus historias. Si bien no todo aquel elemento que abandona las instituciones se involucra en la delincuencia organizada, sí existen casos acerca de aquellos que fueron cooptados, que se sumaron directamente a sus filas o, incluso, llegaron a liderar complejas estructuras criminales cuyas operaciones han terminado por modificar el tablero criminal del país.
El fenómeno no sólo ha sido la génesis de la trayectoria delictiva de notorios líderes del narcotráfico en México, sino que también exhiben cómo el abandono institucional a corporaciones policiacas termina dejando a sus integrantes a merced del crimen organizado, ante su incapacidad por combatirlo.
De policía a capo: el panorama de las policías municipales
Las policías municipales se han convertido en el eslabón de seguridad más débil del país. De acuerdo con cifras del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), hasta el cierre de 2024 existían un total de 154 mil 986 agentes municipales en México lo que, de acuerdo con un análisis de la organización civil Causa en Común, es un 6% menos que los registrados dos años antes, y la cifra más baja de la que se tiene registro desde 2010. Según los registros, hay al menos 516 municipios que no cuentan con una corporación policial formalmente constituida, lo que equivale al 21% del total de demarcaciones.
"En materia de certificación, de acuerdo con el INEGI, en 2024 el 74% de los policías estatales y el 63% de los municipales contaron con Certificado Único Policial (CUP) vigente. Este documento debería acreditar el cumplimiento de requisitos básicos para el ejercicio de la función policial, incluyendo evaluaciones de control de confianza, competencias básicas y desempeño", describe un informe sobre la situación de las policías en México elaborado por la organización civil.
Ante organizaciones delictivas que ya cuentan con alcances paramilitares y que tienen acceso a armas de fuego de alto calibre, el último censo del INEGI reporta que policías municipales fueron equipadas con: chalecos antibalas (49,077), armas de fuego (37,166), esposas o candados de mano (33,553), bastón PR-24 (18,452), sustancias irritantes en aerosol (8,595), escudos (5,953).
Comparado con los 154 mil 986 agentes registrados en corporaciones municipales, Causa en Común dimensiona que la proporción de policías debidamente equipados en muy reducida en todos los rubros.
el dato...Los policías asesinados en 2026
De acuerdo con un conteo realizado por la organización civil, en lo que va de 2026 -y hasta el 28 de mayo- han sido asesinados al menos 134 agentes de seguridad pública, incluyendo a 64 policías municipales, 34 agentes de la Guardia Nacional, 31 policías estatales, 4 elementos del Ejército y 1 policía federal. Los estados que acumulan el mayor número de casos son: Jalisco (30), Sinaloa (16), Michoacán (14), Morelos (13) y el Estado de México (10)
A las deficiencias institucionales se suma un detonante de deserción: las condiciones laborales de los policías en México. La precarización de dicho sector se acentúa en las policías municipales y se vincula completamente con la eliminación y el congelamiento de fondos federales para el fortalecimiento en materia de salarios, infraestructura y equipamiento.
Sobre las condiciones laborales, cifras del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP) dan cuenta de que en 2024 el ingreso mínimo y necesario para cubrir las necesidades de los policías y sus familias era de 16 mil 668 pesos netos mensuales. Los datos del INEGI contrastaron al revelar que la mayoría del personal policial percibe un sueldo inferior, incluyendo las de nivel municipal en donde el 55% recibe un ingreso inferior a 15 mil pesos.
Además de bajos salarios, los agentes policiales se enfrentan a la ausencia de estándares sobre jornadas laborales pues, en muchas corporaciones, éstas llegan a ser de 24 horas de trabajo por 24 de descanso, o de turnos de hasta 12 horas continuas más horas extras no remuneradas.
El informe de Causa en Común concluye afirmando que dicho panorama institucional impacta en la estabilidad personal y en los incentivos para la permanencia de los agentes policiales, lo que termina por tener implicaciones sistémicas a la estrategia de seguridad nacional toda vez que ésta se apoya en corporaciones sumamente frágiles.
El contexto no es ajeno sino resultado de un abandono institucional que ha elegido no mirar aquellas cifras y análisis hasta que toman nombre y forma en ex integrantes de sus corporaciones que terminan convirtiéndose en líderes criminales. Un fenómeno que lleva ocurriendo, al menos desde los años 70’s.
Miguel Ángel Félix Gallardo, el policía que fundó el Cártel de Guadalajara
Uno de los primeros ex policías en convertirse en un notorio líder del narcotráfico en México fue Miguel Ángel Félix Gallardo. Ante la opinión pública, el también llamado Jefe de Jefes se hizo acreedor a dicho alias por consolidar un lucrativo negocio de tráfico de drogas en México.
A Félix Gallardo no solo se le atribuye la industrialización del narcotráfico en el país, sino también la creación de uno de los primeros cárteles: el de Guadalajara. Su historia ha sido contada una y otra vez en trabajos periodísticos, series y corridos, no obstante, se han centrado en retratarlo como un poderoso y peligroso capo que enviaba toneladas de cocaína a Estados Unidos, un perfil que quita atención a que sus inicios los tuvo dentro de una corporación policial.
El Jefe de Jefes no fue policía municipal, no obstante y de acuerdo con información recopilada por la BBC, fue parte de la Policía Judicial donde, además de su cargo institucional también se desempeñaba como madrina, un término que el medio británico describe como "nombre que se le da en México a las personas protegidas por agentes policiales que realizan tareas ilegales en las investigaciones, como torturar detenidos o extorsionar a sus familias".
Reportes periodísticos también narran que Miguel Ángel Félix Gallardo fue guardaespaldas de la familia de Leopoldo Sánchez Celis, quien fue gobernador de Sinaloa entre 1963 y 1968.
Haber pertenecido a una corporación policial federal, así como su acercamiento con la clase política le permitieron al Jefe de Jefes tejer una red de corrupción que amparó las actividades del Cártel de Guadalajara durante su apogeo a finales de la década de los 70’s y durante la de los 80’s.
Más que un capo del narcotráfico, Miguel Ángel Félix Gallardo se presentaba como un empresario que solía estar presente entre la socialité jalisciense hasta que su imperio criminal comenzó a desmoronarse tras la tortura y asesinato del agente especial de la Administración para el Control de Drogas (DEA, por sus siglas en inglés), Enrique Kiki Camarena.
La trayectoria criminal del Jefe de Jefes terminó con un arresto y una condena que, hasta la fecha en la que se escribe esta nota, lo mantiene en prisión. No obstante, su legado proliferó y el lucrativo negocio que potenció ha pasado de mano en mano de otros líderes criminales, incluyendo algunos que también fueron policías.
El Mencho: el ex policía municipal que fundó el CJNG
Hasta antes del pasado 22 de febrero, Rubén Oseguera Cervantes se había consolidado como el líder criminal más notorio y peligroso de México. El imperio delictivo que construyó con el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) lo catapultó a la cúpula del narcotráfico en México, sin embargo, antes de convertirse en El Mencho que el mundo conoció, Rubén fue también un policía municipal.
Episodios de su trayectoria delictiva recuperados por InSight Crime refieren que tras ser condenado a pasar tres años en prisión por conspiración para distribuir heroína en Estados Unidos, Rubén Oseguera Cervantes regresó a México en donde ingresó, primero, a la policía municipal de Cabo Corrientes y posteriormente a la Tomatlán en Jalisco.
Dentro de su labor, El Mencho fue testigo de las actividades de tráfico de drogas que entonces operaba el Cártel de Milenio por lo que, con su precedente como contrabandista y sus conocimientos en el manejo de armas adquiridos en la comisaría, fue cuestión de tiempo para que desertara y cambiara de bando.
Haber sido policía municipal le enseñó a Rubén Oseguera Cervantes la relevancia que éstas corporaciones tienen para una organización delictiva de modo que, en la edificación de su organización delictiva, más de un agente municipal fue incluido en su nómina tal y como fue el caso de Herminio Gómez, mejor conocido como El Indio.
En entrevista con MILENIO, el analista en seguridad David Saucedo explicó que las policías municipales se han convertido en foco de interés para grupos delictivos no sólo por el presupuesto que se les asigna, sino también por el control territorial y la información de operativos a los que se les permite acceder.
Como desertores o colaboradores, policías municipales formaron parte del esquema criminal que encabezó El Mencho, cuya misma trayectoria criminal también inició siendo uno de ellos.
El Bukanas: el policía municipal que se convirtió en el último Zeta
El nombre de Roberto de los Santos de Jesús quedó plasmado en el hampa mexicano al ser identificado como un generador de violencia y líder huachicolero encargado de mantener vivo el legado de Los Zetas en estados como Puebla y Veracruz.
Llegar hasta ese grado dentro del tablero criminal no fue casualidad para el también llamado Bukanas sino el resultado de una amplia trayectoria delictiva que comenzó a gestarse en los años que fungió como policía municipal en algunas demarcaciones clave para el cártel de la última letra en Veracruz.
De acuerdo con reportes periodísticos de medios de comunicación locales, Roberto de los Santos de Jesús estudió solo la primaria, fue albañil y para el 2001 ya formaba parte de la del cuerpo policial de su natal Acultzingo; posteriormente ingresó al de Maltrata, luego al de Camerino Z. Mendoza y finalmente al de Río Blanco.
Al tiempo que se desempeñaba como policía municipal, Los Zetas habían iniciado un sanguinario proceso de expansión desde Tamaulipas por el este de México. Veracruz y sus comunidades se convirtieron en terrenos de conquista para aquel grupo criminal que, entonces, aún era considerado como brazo armado del Cártel del Golfo.
El asedio de la organización delictiva fue inminente, su violencia erosionó comunidades y algunos policías que tenían en sus manos la protección de la población terminaron por ser cooptados, tal y como ocurrió con El Bukanas. De acuerdo con un informe del Gobierno de México consultado por este medio, durante su servicio como policía, Roberto de los Santos de Jesús sirvió de informante para Los Zetas y tras desertar de la corporación de Maltrata, se sumó de lleno a una de las células regionales de la organización delictiva.
Además de haber nacido en la zona, haberse desempeñado como policía municipal le permitió a El Bukanas conocer no sólo el funcionamiento de la corporación sino también un amplio conocimiento territorial en la zona, mismo que utilizó para tejer su propia red de extracción ilegal de hidrocarburos, así como para encabezar su propia escisión de Los Zetas tras su fragmentación.
Al frente de Sangre Nueva Zeta, El Bukanas continuó expandiendo su influencia en distintos municipios hasta que, tras más de una década, Roberto de los Santos de Jesús fue arrestado el pasado 18 de abril en Chignahuapan, Puebla.
Aunque el ingreso a alguna organización delictiva no es justificable, las condiciones que permean a las policías en México -y en especial a las municipales- sugieren un factor de riesgo en donde la línea entre ser el policía bueno, el cooptado o el desertor, continúa siendo delgada.
ATJ