Detrás de los videos que se vuelven virales en redes sociales existe un fenómeno de violencia que va más allá de la pantalla. Conocido como happy slapping, esta peligrosa tendencia combina la agresión física o la humillación con su grabación y difusión masiva en internet.
Transformando un ataque en "entretenimiento" digital. Pero, ¿de qué se trata realmente, qué consecuencias puede tener y qué impacto tiene en las víctimas? Aquí en MILENIO te lo contamos.
Violencia que se graba
El happy slapping se trata de una forma de acoso y violencia en la que se graba una agresión para posteriormente publicarse en la red con el objetivo de agravar la humillación, según el glosario de delitos cibernéticos compartido por la Fiscalía General de Justicia de la Ciudad de México.
A diferencia de otras formas de acoso, una de las características que lo distingue es la planificación premeditada de la agresión física, verbal o sexual a la víctima.
De acuerdo con Save The Children, este fenómeno suele involucrar a varias personas: quien agrede, graba, difunde el video y contribuye a viralizarlo.
La organización señala que el daño para la víctima no termina con la agresión física, sino que se prolonga cada vez que las imágenes son compartidas, generando humillación pública y afectaciones psicológicas.
Además, estima que más de 76 mil jóvenes en España sufrieron happy slapping durante su infancia y que en el 61% de los casos los agresores eran amigos o compañeros.
La problemática se desarrolla en un contexto más amplio de violencia contra menores de edad. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), hasta mil millones de niñas, niños y adolescentes de entre dos y 17 años sufrieron violencia física, sexual, emocional o abandono durante el último año en el mundo, una situación que puede tener consecuencias en la salud física y mental a corto y largo plazo.
¿Cuáles son las consecuencias legales en México?
En México, las conductas que constituyen el happy slapping pueden derivar en responsabilidades penales y civiles.
Dependiendo de cada caso, las personas involucradas pueden ser investigadas por delitos como lesiones, amenazas, discriminación, acoso, violencia digital o incluso homicidio, cuando la agresión provoca la muerte de la víctima.
Asimismo, la difusión del video puede generar responsabilidades adicionales si vulnera los derechos de niñas, niños y adolescentes o forma parte de un esquema de violencia digital.
Cuando las personas agresoras son menores de edad, el procedimiento se desarrolla conforme a la Ley Nacional del Sistema Integral de Justicia Penal para Adolescentes, la cual contempla medidas socioeducativas y sanciones acordes con la edad y la gravedad de los hechos.
El caso de Norma Lizbeth
Uno de los casos más conocidos relacionados con una agresión escolar grabada ocurrió en marzo de 2023, cuando Norma Lizbeth, estudiante de una secundaria en Teotihuacán, Estado de México, fue agredida por otra alumna durante una pelea registrada en video.
Días después de la agresión, la adolescente falleció derivado de los golpes recibidos, lo que convirtió el caso en un referente nacional sobre las consecuencias del acoso escolar y la violencia entre estudiantes.
La agresora, quien es menor de edad, fue declarada responsable del delito de homicidio y recibió una medida de internamiento conforme a la legislación aplicable para adolescentes.
¿Qué pasa con la difusión de los videos?
Especialistas advierten que la grabación y publicación de agresiones amplifica el impacto sobre la víctima, ya que el contenido puede permanecer en internet durante años y ser compartido de manera masiva. Esta exposición favorece nuevas formas de acoso, revictimización y afectaciones emocionales.
Según el Módulo sobre Ciberacoso 2025 del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), el 20.4% de las personas usuarias de internet de 12 años o más en México experimentó alguna situación de ciberacoso durante 2025, lo que equivale a 19.4 millones de personas.
Entre las agresiones más frecuentes se encontraron el envío de mensajes ofensivos, insultos y la difusión de contenido para dañar a otra persona.
Por su parte, Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) advierte que la violencia en línea puede tener consecuencias similares a la violencia presencial, al afectar la autoestima, la salud mental, el desempeño escolar y las relaciones sociales de niñas, niños y adolescentes.
Por ello, Save The Children, Unicef y autoridades mexicanas recomiendan no compartir este tipo de videos, reportarlos a las plataformas digitales y denunciarlos ante las autoridades cuando puedan constituir un delito.