Las organizaciones de la sociedad civil (OSC) pueden ayudar a mejorar el ambiente en el que se desarrollan los niños en situación vulnerable, víctimas de violencia, pobreza y carencia de educación en zonas peligrosas. Mario Nájera, director general de la organización Laboratorio Social, platicó sobre el impacto que producen las intervenciones que llevan a cabo: “Descubrimos que los juguetes no cambian nada; si en realidad quieres mejorar la vida de un niño hay que dedicarle tiempo. En Laboratorio Social damos libertad a los voluntarios, los capacitamos y ellos ponen los materiales y dinámicas”.
Hace cinco años, recordó, “uno de nuestros primeros programas fue en Tepito con jóvenes de 12 a 15 años, que son más susceptibles a caer en la violencia. Resultó interesante darnos cuenta de que las actividades lúdicas y la ciencia no era lo que provocaría el cambio, sino el contacto con personas de un perfil diferente... A raíz de eso el proyecto maduró y decidimos también llevarlo a los niños, que son la base de lo que se puede construir en una comunidad”.
Fue así como surgió el programa Pequeñas Acciones, que recluta a voluntarios de preparatorias y universidades. “Los capacitamos en cómo hacer intervenciones comunitarias. Trabajamos en la colonia Desarrollo Urbano, en Iztapalapa, una de las más peligrosas actualmente. También estamos empezando en Ecatepec, donde hay un gran problema de feminicidios”, destacó Nájera.
Eric Daniel Ortega, voluntario y coordinador, agregó que “cada año tenemos la meta de capacitar a mil niños. Nuestro principal indicador son encuestas que hacemos a los papás, quienes nos hablan del desempeño (de sus hijos) en la escuela, la vida social y la casa. Los resultados han sido sorprendentes. El valor de lo que hacemos va más allá, no es solucionar el problema al momento, sino empezar a romper esa cadena de desigualdad. El primer año empezamos con un grupo de 20 niños, ahora tenemos de 60 y nuestro equipo de voluntarios también creció”.
Ortega recordó una experiencia con habitantes de Desarrollo Urbano Quetzalcóatl, en Iztapalapa: “Naomi, de ocho años, y Bryan, de siete, hace dos años eran niños tímidos, no miraban a los ojos, incluso temblaban cuando nos acercábamos y no se integraban. Su abuela es la que los cuida, una señora mayor de bajos ingresos y con carencias. Los infantes incluso tenían piojos y cuando nos dimos cuenta llevamos tratamiento para quitárselos. Ahora, cuando llegamos se emocionan, corren a saludarnos y siempre están en todas las actividades, hablan con todos los chicos de la comunidad y tienen más amigos”.
DESDE QUE NACEN
Mejorar la situación de pequeños en situación vulnerable aún requiere más esfuerzo, pero afortunadamente cada vez son más los que hacen algo al respecto. Más de 300 OSC ya lograron establecer un pacto con cuatro de los aspirantes a la Presidencia y Andrés Manuel López Obrador confirmó que lo va a firmar en una fecha posterior.
Antonio Rizzoli, jefe de la unidad de investigación en neurodesarrollo del Hospital Infantil de México y miembro del Pacto por la Primera Infancia, explicó que “lo que se busca es transmitir al gobierno la importancia que tiene el desarrollo óptimo de los niños y para lograrlo hay que enfocarse en 10 compromisos”. A escala regional, firmaron un pacto en Oaxaca y otro en el Estado de México. “La idea es que esto pase con todos los niños del país. Los compromisos que se firman van relacionados con lactancia materna, disminuir la pobreza de menores de cinco años, que los papás tengan acceso a educación, que los niños tengan evaluación de desarrollo, disminuir la violencia, evitar el abuso y otro tipo de problemas que son altamente dolorosos”, detalló.
Desde el punto de vista del pediatra, “el desarrollo de los niños es equivalente a tener visión de planear la vialidad de una ciudad, que al aumentar el número de habitantes puedan transitar fluidamente, sin embotellamientos. Es el equivalente de planear esa arquitectura del cuadro central, que es el cerebro del niño. En los primeros cinco años se desarrolla 90 por ciento del cerebro y ahí es donde se forman las vías y conexiones que van a impactar en que las cosas se transmitan de forma rápida o lenta hacia las diferentes áreas”.
PROBLEMAS A COMBATIR
Rizzoli destacó que “en población vulnerable hay dos problemas. Uno es de desarrollo; a los dos años, 20 por ciento de los niños tiene dificultad de lenguaje. Otro es el de conocimiento, pues uno de cada cinco infantes de entre tres y cuatro años no sabe lo que debe saber a su edad. La población que tiene mayor riesgo en el desarrollo es la rural, comunidades marginadas y sin servicios, de ahí viene el urbano de alto nivel de marginación, gente que está con sus hijos en las calles vendiendo chicles o pidiendo dinero”.
“La clase alta —aclaró— no está exenta; la Encuesta Nacional de Niños Niñas y Mujeres 2015 muestra que el nivel de alfabetización en el sector socioeconómico más alto es similar al que está entre el primero y segundo más pobre”.
Rizzoli concluyó que los retos para el pacto son “primero, la visibilidad política, y segundo, la situación de agenda; por ejemplo, teníamos una cita con todos los candidatos y desafortunadamente uno no acudió por situación de agenda. Si los niños fueran un tema prioritario, las personas podrían modificar su agenda para asistir a este tipo de compromisos. El último reto es que se cumpla lo que se firma y que no quede en promesas y retórica”.