La "esencia" de nuestro pesimismo tiene que ver con algo que a fuer de vivirlo cotidianamente (aunque sea en los periódicos y en la televisión) desde hace muchos años, ha pasado a formar parte de la vida de México. Me refiero, por supuesto, al escaso valor que ha adquirido la vida humana y al desfile de indignidades que esta falta de valor presupone, conlleva y fomenta. El asesinato, el secuestro, la tortura, la extorsión y la violencia en formas que creíamos, si no superadas en la historia del país, sí circunscritas a ciertos lugares o a ciertos ámbitos, nos golpean en el rostro y en la sensibilidad todos los días.
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